En la pista de los libros-objetos

Por Carlos Yusti


Comencé a interesarme por los libros-objetos y los libros de artistas gracias a un texto de James Joyce que aparece en el capítulo 17 del Ulises. Leopold Bloom realiza una pesquisa de las gavetas de la cocina:

“¿Qué contenía el primer cajón abierto?

Un cuaderno de caligrafía de Vere Foster, propiedad de Milly (Millicent) Bloom, algunas de cuyas páginas llevaban dibujos esquemáticos, subtitulados Papi, que mostraban una gran cabeza globular con 5 pelos de punta, 2 ojos de perfil, el tronco completamente de frente con 3 grandes botones, 1 pie triangular: 2 fotografías amarillentas de la reina Alejandra de Inglaterra y de Maud Branscombe, actriz y belleza oficial: una tarjeta de Pascuas con una representación pictórica de una planta trepadora, la inscripción Mizpah, la fecha Navidades de 1892, el nombre de los remitentes: de Mi. y Mis. M. Comerford, el versículo: Que estas Pascuas te traigan paz, felicidad y júbilo venturoso:(…)algunas monedas austrohúngaras heterogéneas: 2 papeletas de la lotería patrocinada por la Corona húngara: una lupa de poca potencia: 2 fotolitografías eróticas mostrando a) coito bucal entre señorita desnuda (presentación trasera, posición superior) y torero desnudo (presentación delantera, posición inferior) b) violación anal a cargo de religioso varón (enteramente vestido, ojos turbios) de religiosa hembra (parcialmente vestida, ojos diáfanos), adquiridas por correo en el Apartado n.° 32, Estafeta de Correos de Charing Cross, Londres, W. C.: un recorte de periódico de una receta para la restauración de botas viejas marrones: sello adhesivo de 1 penique, de color lila, del reinado de la Reina Victoria: (…)” y así otros etcéteras.

Lo que me gustaba era la descripción que convertía en visual una serie de objetos, fotos y papeles variados aglomerados sin conexión alguna.

El otro hilo, de este zurcido un tanto descolocado, fue un documental del escritor Arno Schmidt, considerado como el “Joyce alemán”. Cuando Schmid comenzó a escribir y a realizar sus primeros textos experimentales no había leído a Joyce. Luego de leerlo subrayó mucho más su búsqueda y su libro

Zettels Traum (o El sueño de la ficha) es (a groso modo) un monumental mamotreto (1.330 páginas ensayo sobre Edgar Allan Poe. Para tal fin su autor redactó entonces 130.000 fichas que se convirtieron en 1.130 fichas mecanografiadas, de un formato de 33 x 44 cm.) cuyo derrotero temático es algo así: una pareja de traductores están en los preparativos para iniciar la traducción de las obras de Edgar Allan Poe. Como parte del trabajo visitan a un anciano y ermitaño polígrafo, aparte de buen conocedor de la vida y obra de Poe, Dän Pagenstecher y solicitarle algunas orientaciones. Durante un día completo (los acordes joyceanos son innegables) el lector participa de paseos, conversaciones, sospechas amorosas entre Dän y la hija del matrimonio, de dieciséis años, la visita a una feria campestre, una excursión en el terreno del mito y todo el tiempo discusiones, citas y comentarios sobre Poe. Lo singular es que Arno Schmidt utilizó tres columnas, que se entrelazan, para desarrollar el libro. La columna central en el centro de la página desarrolla la acción externa e interna, la anécdota junto con el diálogo y el monólogo interior del anciano polígrafo. A la izquierda encontramos la discusión sobre Poe, llena de citas, y el margen derecho contiene los comentarios adicionales, las notas al pie y las acotaciones del propio autor. Además cada página está llena de subrayados, líneas e incluso dibujos sin contar los neologismos y palabra inventadas por el autor.

Esto me llevó hasta el artista Ed Ruscha quien veía al libro no como Borges, para quien era  “una extensión de la memoria y de la imaginación”, sino como una composición repetitiva de palabras y páginas. A Ruscha le fascinaba ese sentido casi mecánico del libro y con esta idea elaboró su primer libro: Twenty-six Gasoline Stations, (26 estaciones de gasolina, publicado en 1963) como una composición de repetición. Eran 26 fotos cuyo tema eran gasolineras un tanto desoladas, ubicadas en la ruta 40 entre las ciudades de Los Ángeles (donde residía) y Oklahoma (lugar de residencia de su madre), por las que pasaba cada vez que la visitaba. Realizó una autoedición  con tiraje de 400 ejemplares y luego los colocó en cada una de estas gasolineras para su venta. Sus otros libros también eran de fotografía, pero sería con el libro (Todos los edificios de Sunset Strip, del año 1965). El libro presentaba en un formato panorámico la totalidad de los edificios a ambos lados del bulevar californiano de Sunset Strip. Lo interesante es que el interior del libro está encuadernado en forma de acordeón, mediante la unión de nueve fragmentos de papel doblados en veintisiete pasos, con una longitud total de unos ocho metros. Las imágenes que contiene recogen todos los edificios de la calle mencionada en el título en un rango de números, que van del 8024 al 9156, para los pares, y del 8101 al 9145 para los impares. Cada una de las secuencias aparece impresa en una larga fila, arriba y abajo de la página (esta última invertida), de modo que tienen absoluta autonomía. El texto del libro sólo ofrece información de los números de las casas fotografiadas y de las calles transversales que cruzan la calle principal. Este recorrido el artista lo hizo con una cámara montada en un camión, el tiempo que le tomó conducir los dos o tres kilómetros del recorrido y volver fue apenas de 35 minutos. No obstante armar las fotos, unirlas, luego doblar y pegar las hojas impresas a mano le llevó alrededor de nueve meses. Ya el lector no sólo vería el libro, sino que lo manipularía como un artefacto que se despliegue y el cual tiene que girar. El artista confeccionó un libro a su gusto o como él lo dijo: “No soy un gran lector, pero amo los libros, lo que son como objeto físico”.

Yo por lo contrario soy lector y siento algún fervor/pasión por los libros como objetos y símbolos de la imaginación y la memoria, como una metáfora necesaria de la escritura como signo, como imagen de esa estética imprescindible de la capacidad de expresarnos, de interrumpir de alguna manera el ruido y el silencio del mundo.


Carlos Yusti (Valencia-Venezuela, 1959).
Pintor y escritor. Cofundador del grupo Literario Los Animales Krakers y de la revista Zikeh. Su última exposición conceptual fue La Tapa del Frasco, revista-objeto, 2015. Ha publicado Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994), De ciertos peces voladores (1997). Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (Ediciones del Perro y la Rana, 2007) y Poéticas del ojo (editado por El perro y la rana, 2012) que reúne sus textos sobre arte. “A la brevedad posible” (Libro-objeto, ensayos-2015. 80 ejemplares numerados). “Cartografía del tahúr solitario”, (libro-objeto que consiste en 40 cartas de baraja. Ensayos/2016. 150 libros numerados). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Contacto: yusticarlos@gmail.com

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