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Poemas de Angel Miguel Queremel

La musa desnuda


Sangra mi alma; ¡Oh la herida entreabierta
al Ensueño, infinito y brumoso;
cómo su sangre es la puerta
del Paraíso de mi gozo!

¡Amor…! ¡Surge desnuda
y baila sobre rosas una danza macabra;
mi Salomé, que sea tu boca siempre muda
y sea tu desnudez la gran palabra!

¡Amor…! Y es relámpago que ciega.
El agua clara que la sed mitiga…
es Dios que sabe y llega:
¡sobre la tierra innoble
la robustez del roble
y el candor de la espiga!

Tu ánfora rebosa
de emoción, juventud,
y hay una rosa
que se irisa
en la sonrisa
de tu plenitud…
sangra mi alma. Sobre la herida
la sangre es bálsamo que aroma
el Dolor la mano que la cuida:
¡y es mi alma una paloma
que se ha quedado dormida!

Sangra mi alma. ¡Amor! Mi corazón
es una espina entre rosales;
¿tu nombre? Son siete letras, y son
como siete puñales.



Transeunte



Tus ojos claros me dieron una
emoción sueva de mar y luna; tu ritmo lento, tu carne inquieta
me hicieron definitivamente poeta.
¿Por qué? Esos son cosas oscuras, mías,
pensándolas se me han puesto  las manos frías!
¿Recuerdas? Tú casi no me viste
sin embargo me sentí triste,
me sentí hondo, te sentí vaga,
muñeca… maga…

Mañana cuando pases no seré yo el mismo,
ni tú tampoco:
yo estaré alucinadamente loco
por tu abismo.
¿Por qué? Esas son cosas oscuras, mías,
pensándolas se me han puesto las manos frías!



El sátiro



Vente desnuda, al ritmo serpentino
de una música antigua, olvidada;
ten el cabello suelto sobre el hombro divino
y la púdica mano sobre la flor vedada.

Ven con los ojos bajos y la piel encendida,
y baila frágilmente sobre la alfombra;
mi brazo estará presto en tu caída
desde mi sitio… un sitio lleno de sombra.

¿Qué no me conoces? No te importe,
rubia ninfa del norte,
apagaremos el sol, nadie ha de vernos…

y si acaso en la noche quieres saber de mi nombre
alarga el brazo y palpa, en un cuerpo de hombre,
mis pezuñas, mis pelos y mis cuernos!





Presentimiento



Apenas pude verla.
fue un minuto del azar;
llevaba los ojos denudamente negros
y… ¡esa expresión!

Yo la seguí, loco, por el gris de la calle.
Ella me presintió; y corría
por entre todos aquellos…
¡Oh tarde de otoño que empezaba!
¡Calofrío del anticipo!

¡Ya lo sabíamos los dos!
¡Con que fiebre yo la seguía!
Gentes, calles multitud.
Ella, pobrecita, me huía…
¡Y yo detrás!

Nunca más volví a mirarla
hasta hoy;
aquí la tengo
a  mis pies,
desnuda, blanca, húmeda
y mía!


Conjunción



Besos en la oreja;
a lo largo de la columna
vertebral;
en los senos,
las tibias axilas
y sobre tu vientre que tiene
un misterioso olor a mar.

Yo llenaré
con mi último beso
el molusco vacío de tu ombligo
y que en el minuto de tu estremecimiento
se haga perla,
hija de mi ardor
y tu olor…


Transformación



Ya no es mi amor bravío como el mar, sino suave
como el cielo que dora el sol de la alborada;
no es bandido nocturno que asalta, sino llave
de oro, estremecida, en tu puerta cerrada.

No es el labio que grita, ni es la frase que hechiza
ni son tenues suspiros, hondos y entrecortados;
es el gesto sereno de la suave sonrisa,
es la línea borrosa de los labios callados…

Es estar a tu lado junto a tu vida, amada,
bebiendo tu silencio como un sorbito de agua,
y estar allí por siempre, junto a tu clara enagua,
con los ojos cerrados y sin decirte nada.


Inquietud



Tuya es mi serenidad
y mi sano corazón actual:
te debo la vida perfecta del que nada desea,
del que lo tuvo todo,
la imbécil gratitud del satisfecho!

No deseo nada de ti.
te he exprimido como un racimo
de uvas maravillosas,
tu sangre fue mi vino,
y en la embriaguez
yo alzaba mi copa sangrienta
y bebía… de un solo sorbo…

Yo llegue a ti hambriento
y muerto de sed;
tú me diste, mujer, todo lo que tenías,
y me harte de tu carne hasta el fastidio,
y abreve mi sed entre tu boca
generosa y atenta…

Pero no puedo ya.
Estoy cansado de tenerlo todo;
me aburre tu docilidad:
niégame algo un día,
sé brusca y mala,
engáñame, hasta véndeme,
sé voluble y distinta,
no vivas en un día toda tu vida entera,
sé algo nuevo, mujer,
que estoy cansado de ser el amo
y de tenerte esclava.
mujer,
devuélveme mi hambre
y mi sed!




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