[Uno de los últimos textos del querido y necesario poeta falconiano]
Tomado del blog de Andrés Castillo

Sucede que yo nací en Cabure, un pueblo campesino, trabajador y solidario, en medio de una familia sin bienes de fortuna, pero adinerada en buenos principios como la honestidad personal, como el culto a la palabra empeñada y a la convivencia sin mezquindades, además rodeado de un cúmulo de muchachos, amigos de mi misma clase y con la misma escala de valores, sembrada y repartida por su respectiva familia; todo esto me hizo descubrir tempranamente el valor inestimable del compañerismo y la virtud bien entendida de la amistad sin dobleces.
Más tarde, ese mismo grupo, con la ayuda invalorable del marxismo-leninismo, me enseñó la fidelidad con los principios filosóficos y la filiación alegre y consecuente con los marginados de la tierra.
Mi amor por las parrandas de la serranía que, durante los días de fiesta nacionales, iban de casa en casa entonando sus trovas, desgranando décimas, salves y coplas y multiplicando así la alegría colectiva del pueblo, sembró en mí para siempre, el amor por la poesía. Yo, desde entonces, sentí una debilidad tremenda por los copleros, los admiraba con devoción religiosa, y me quedaba mirándolos como a santos milagrosos.
Por otra parte, el pueblo tenía un poeta mayor: ROMÚLO GARCÍA, escritor, pintor y poeta a quien, pese a sus debilidades alcohólicas, el pueblo todo le rendía tributo a su talento y su desenfadada actitud para enfrentar la vida.
Más tarde, mi familia se empeñó en que me viniera a Coro para hacerme maestro de escuela. Desde entonces y para el resto de mi vida, fui maestro, revolucionario y poeta. Confieso ante ustedes que estas tres dimensiones de mi vida las he ejercido con seriedad, pasión, responsabilidad y dignidad.
A orillas de mi muerte, no tengo nada de que arrepentirme y en honor a ustedes y a los viejos copleros de la serranía falconiana, me despido con la siguiente copla:

Qué sabroso es constatar
que uno ha llegado a ser viejo
sin haber sido pendejo
y con mucho que contar.



Coro, octubre de 2006


Selección Jenifeer Gugliotta Guedez y Ennio Tucci

EL CABALLO DE IBRAHIM 



Hay algo terriblemente soez en la mente moderna;
la gente, que tolera toda suerte de mentiras indignas
en la vida real, y toda suerte de realidades indignas,
no soporta la existencia de la fábula.
Octavio Paz

Para Julyrma


Había una vez un hombre bueno llamado Ibrahim. Era un genio, un ilusionista, que andaba lleno de ciencia, de sueños y de amor. Como es lógico, este hombre maravilloso había nacido en Cabure y como yo tuve la suerte de nacer en el mismo lugar y algunos creen que soy poeta, naturalmente, Ibrahim y yo fuimos amigos.
Durante la infancia practicamos los mismos juegos, fuimos a la misma escuela y compartimos miedos y alegrías. Más tarde anduvimos juntos un largo trecho compartiendo la idea de cambiar al mundo.
Últimamente habíamos establecido una hermosa relación: cada vez que nos encontrábamos yo le hablaba de mis nietos y él me entregaba sus sueños y sus nuevos conocimientos e invenciones; así por ejemplo:
– Yo le decía Ricardo, mostrándole una cascada musical; y él me hablaba de las galaxias y me regalaba un caballo cósmico.
– Yo le decía Patricia, liberando un centenar de mariposas; y él me hablaba del cosmos y me convencía de que somos polvo de estrellas.
– Yo le decía Hugo Alejandro, haciendo brotar un chorrito de agua de la tierra; y él me hablaba de la sed y me entregaba la forma de bebernos el agua del mar.
– Yo le decía Alejandra, entregándole un ramo de rosas; y él me hablaba de la contaminación ambiental y me regalaba una cocina solar.
– Yo le decía Pedro Rafael, mostrándole una parábola que va desde mi padre hasta mi nieto; y él me hablaba de la estabilidad del movimiento y me entregaba su nave universal.
Sin embargo, no todos queríamos a Ibrahim. Los circunspectos señores del claustro universitario, los prósperos constructores del cemento y la cabilla; los vendedores de gas y energía eléctrica; los fabricantes de licores y cigarrillos; los importadores de aviones y automóviles; sintieron amenazados sus sacrosantos intereses y declararon la guerra a los sueños de Ibrahim: le negaban los recursos para sus investigaciones, saboteaban el proceso de sus experimentos y robaban el resultado de su trabajo; pero, como Ibrahím no se rendía, cambiaron de táctica y lo declararon loco, apedrearon su casa, le negaron el pan y el agua y terminaron pretendiendo sepultarlo debajo de una espesa capa de silencio.
Ibrahím continuaba erguido y desafiante; pero un día sintió un inmenso cansancio y recogió sus sueños, sus angustias y sus esperanzas, los metió en una pequeña alforja, montó en su caballo cósmico y se fue a vivir a otra galaxia.
Desde entonces yo ando solo con el amor de mis nietos y con la esperanzada seguridad de que el galáxico caballo de Ibrahim anda suelto por el aire.

*****

Nada extraordinario

Yo no pido nada extraordinario:
a nadie he dicho, por ejemplo,
córtate la mano derecha
y entrégamela entre rebanadas
de pan blanco.

¿Acaso he dicho a alguien:
ólvidate del nombre de tu madre
y cava una inmensa sepultura
en el vientre de tu hermano?

No. Yo no pido nada extraordinario
ni uno sólo puede desmentirme
cuando digo:
yo no he pedido a nadie
que se saque los ojos
para que el sol le lama
la cicatriz del llanto.

Es más,
a nadie he pedido todavía:
amamanta la mitad de tu sed
para que me regales
la mitad de tu agua.

Yo sencillamente he dicho:
No quiero que mi hermano
sufra hambre,
no quiero que le
roben su trabajo,
no quiero que sea muerto
en tierra extraña…

Y sin embargo,
hay gente enfurecida
dispuesta a romperme
la guitarra,
empeñada en disecar
mi voz,
sobre el madero oscuro
de una encrucijada,
resuelta a convertir
mis huesos
en harina amarga
y carcelaria…

Yo no los comprendo, amigo,
yo no pido nada extraordinario.



De “12 VARIACIONES ALREDEDOR DE UNA GUITARRA”

2

“…otra cosa es con guitarra”,
y es cierto: porque no es cualquier cosa una guitarra.
Primero está la madera y la madera es el corazón de un árbol

y la naturaleza, con todos sus poderes,
le cuesta cuatro lustros –lo menos–
decir esa palabra…

¡Y un árbol no es todavía una guitarra!

El hombre, Dios terrestre,
transforma la madera en clara resonancia.
(¡Cuántos siglos, hermanos, de la mano al cerebro
y del cerebro a la mano!)

Después están las cuerdas:
entrañas refundidas o plásticos inventados;
y, sin embargo, no tienes todavía completa la guitarra.
La guitarra es guitarra, cuando es rumor de bosque,
camino y mano alzada,
entraña estremecida, palabra iluminada,
alma suelta en los dedos,
resonancia en la sangre:
cuando es madera y hombre,
cuando es tierra que canta!


*****

6

El pabellón era un largo corredor con doce calabozos…
Al fondo, baño
(¡Un solo baño y 24 prisioneros!)

¡Siempre estaba ocupado!
El calor era una rata mordiendo la carne de los hombres.
El mal olor subía como una caravana.

Alguien, de pronto, se ponía a llorar.
Otro soltaba una blasfemia. Aquél,
simplemente, cantaba.

Había veces, como ésta,
en que el pabellón era un archipiélago:
cada quien se envolvía en su desesperanza.

El mal humor surgía.
La palabra era entonces perfil de cuchillada
y un puñal de odio antiguo se asomaba a las manos.
Entonces el viejo campesino sacaba su guitarra.
El mar enviaba peces.
El viento era un pañuelo colgado en la ventana.
La lluvia era una niña desnuda por el campo
la noche silenciosa traía hierbabuena
y el río era un muchacho repartiendo naranjas.


*****

8

A puro pulso el hombre luchó con la montaña.

Primero fue tan solo el anfibio sendero que
inventó su esperanza.

Después, cerebro y músculo y voluntad indomable
puliendo su estatura
al son de los hachazos.

Luego llegó la casa…
El amor encendiendo farolitos de almendra.
La muchacha cantando y el aire,
que a su lado,
doblaba y desdoblaba pañuelos de albahaca.

Más tarde fue la luz, el agua fresca y mansa,
el cervatillo herido, la risa conquistada,
la canción descubierta,
la mano que adquiría consistencia de gato,
la lámpara encendida y el clavito de olor que
inventó la guitarra.




De “LA CASA DESHABITADA”

Gira que gira


Gira que gira la rueda,
gira que gira girando.

¿Dónde el ojal de los días?
¿Dónde el clavel de la sangre?

¡La sal oscura del mar
es una rosa en el aire!

Gira que gira la rueda,
bulle que bulle la sangre.

¿Dónde la palabra amigo?
¿Dónde mi alegre corbata?

Herida de ser de altura
la mar se vistió de árbol.

      *

Gira que gira la rueda,
gira que gira girando.

¿Dónde la llave y la luz?
¿Dónde la luz de la llave?

Una rubia submarina
pasa pregonando labios.

       *

Gira que gira la rueda,
bulle que bulle la sangre.

¿Dónde la arena tranquila?
¿Dónde la cierva y el agua?

En la acera de ahí enfrente
hay compra-venta de almas.

*****

Esta tremenda floración


Esta tremenda floración de cactus
hace del mundo una campana rota.

De ocho en fondo marchan las espinas
en loco afán por conquistarlo todo.

¡Ni una gota de amor en este cáliz,
ni una gota de luz, ni una gota!

La voz tirita, disminuida y trémula
y cuatro cuervos ensayan una ronda.

¡Cómo amarga esta leche de penumbras!
¡Cómo duele esta danza de pezones!

Angustia. Soledad. Garganta herida
y canes furibundos violando mariposas.

Quiero escaparme y voy a escaparme, amigo
de esa furiosa soledad de escombros.

*****

¿Vivir?

Este vivir, este vivir desnudo,
no es acaso la vida de la  muerte?
MIGUEL DE UNAMUNO

Este quedarse así, definitivamente solo,
con la luz vertical y amarga de la lágrimas
más allá de las ansias y del grito y de todo
con un río de angustia suspendido en la sangre.

Este mirar el desfile de la gente y del lodo,
en procesión de fantasma, diluida y lejana;
este quedarse al margen, encima de las hojas,
como en la noche lluviosa el rezo de las ánimas.

Este quedarse vacío de ansias y de antojos,
que es estarse tan lleno de soledad infinita;
este saber inútiles las manos y los ojos,
y la voz mutilada cual cascabel inerte;
este sentarse a orillas del tiempo que gravita,
es vivir, Don Miguel, la vida de la muerte,



De “CABALLOS”

I

Vengo de la montaña;
allá una vieja leyenda
predica la preferencia
por los híbridos:
mulas y machos;
sin embargo mis compromisos
es con los caballos;
con ellos izo mi bandera,
enciendo la fogata,
amaso y cuezo el barro,
envejezco el vino
y pulo las palabras.

IV

Este caballo
desguaza el agua,
allana cerros
e inventa playas;
es un cohete
que en medio 
de la noche
enciende su cola,
baja las estrellas,
puebla de huellas
la brisa andariega
y el mundo,
es un hondo relincho,
cuando este caballo
ESTALLA.

VI

Anda este caballo absurdo
borrando los luceros,
columpiando las cigarras,
sembrando soledades…
y se ríe como un loco
y como un idiota
se babea.

Este caballo absurdo
sale a media noche
a robarle el salto
a los batracios,
a hundir sus cascos
en el sexo del agua,
a quemar corolas y rocíos,
a fabricar aullidos estridentes
y a evaporar la  rabia.

A pleno mediodía
¡Qué hará
este caballo absurdo
agazapado en la esquina suroeste
de esta plaza!

IX

Este caballo negro
que barre con sus crines
el polvo de mis sueños,
que violenta el suspiro,
el mar y la violeta,
es un temblor de seda
que relincha en mis dedos.

Este caballo loco
que puebla mis derrotas,
que galopa mi voz
por praderas y siglos,
que rompe mis ventanas
y desquicia mis puertas,
es sólo un tropel de cascos
y un susto levantado
en los cuartos traseros.

Este caballo negro
me sigue como un perro,
me permite una corta galopada,
me desmonta una corta galopada,
me desmonta y huye.

Este oscuro caballo,
indefectiblemente,
me espera en la oficina
el lunes por la mañana
Se disfraza de reloj contralor,
se asoma en la urgencia
de ciertos documentos,
me patea el estómago,
me desboca el corazón
y me coloniza a fuerza
de rabia y miedo.
Este caballo me espía:
a veces lo sorprendo
observándome en la plaza
siguiéndome disimuladamente
por las calles,
colgada en la lámpara
de mi cuarto
y lo peor es que cuando me ve
desde los ojos de la gente
que amo,
cuando me asalta
envuelto en el perfume
de la mujer que me aterciopeló
los dedos,
cuando la aventura me llama
y siento miedo,
cuando el camino sigue
y me detengo.



De “VAMOS A PASEAR DEBAJO DE LA LLUVIA”


Vamos a rescatar los limoneros;
vamos a averiguar cuántas rosas
murieron debajo del cemento,
cuántas hectáreas de aroma
ha talado el humo de las fábricas,
cuántos venados desterró la gasolina,
cuántas mariposas se quedaron en crisálidas.

*****

Porque pasear debajo de la lluvia
es una manera de regresar al bosque,
de descubrir la conexión secreta
que existe entre el mar y la montaña,
de desafiar la furia de los autos ciegos,
de desacatar la voz de los relojes,
de conquistar, en fin, la libertad y el agua.


*****

Esta ciudad borra los nombres,
erosiona las palabras
y quema la espiga de los sueños.
Es cierto que esta ciudad
no inventó el molino de los ruidos,
pero, en ninguna parte como aquí
se ha juntado tanto esfuerzo
para desterrar el silencio;
por eso uno piensa que esta ciudad
merece haber inventado los relojes,
el pito de las fábricas
y las flores de plástico.


De "EL ÁVILA ESTÁ VOLANDO"

El papagayo

Hace mucho tiempo, cuando aún cabalgaba el potro pío de la infancia, solía ir a una huerta detrás de mi casa y pasarme horas enteras elevando un papagayo.
-Perdedera de tiempo, ganas de hacer nada; decía mi familia, y me colmaban de reproches y se empeñaban en demostrarme la inutilidad de mi esfuerzo y la necesidad de aprender cosas útiles y ¡nunca les hice caso!
La vida, a golpes, me ha enseñado que no se hace compañía juntando soledades, ni se construyen puentes con serpentinas, ni se evitan bombardeos creando pájaros; pero, yo soy tonto definitivamente y sigo elevando el papagayo.


Del pan y la canción

Sucede que de una gota de agua y un rayito de sol se puede fabricar un arcoíris, y quien posee un arcoíris puede inventar a Miguel Ángel, a Rubens, a Van Gogh, a Goya y a Picasso y entonces se está en capacidad de hacer, deshacer y rehacer el mundo!
Todo lo cual no niega, sin embargo, que la función primigenia del agua es fecundar la tierra y la tarea fundamental del sol es madurar la espiga, porque la tierra es sólo habitable en la medida que "el pan tenga la dimensión del hambre" y la cobija la exacta dimensión del frío.
De allí que no me explico el absurdo de que haya artistas que se crean superiores al panadero, y sobre todo, que este los tolere por ignorar que hacer la canción es un trabajo.



De “JAYLING”

Tu sonrisa inventa
compañías para mis
soledades.


*****


En la noche de tu pelo
nace mi canto.


*****


Tus manos
son capaces de convertir
el mundo en un durazno.


*****


Tu liviano universo
lo descubro
en los bosques de la sierra.


*****


Persigo el viento
para encontrar tu aroma.


*****


Mi barco 
naufraga
en tu silencio.


*****


En mi oído
tu voz cultiva árboles.


*****


La madrugada
acampó en tu cuerpo
y te dejo sembrada 
de sombras y estrellas.


*****


Creas, siembras y cultivas
Palmeras cuando caminas.


*****


A orillas de tu amor
soy un árbol florecido
que multiplica sus pájaros.   



Madriguera es una revista literaria hecha en Venezuela por Ediciones Madriguera. Una casa para encontrarnos, vernos a los ojos, leernos, escucharnos, reconocernos y tomarnos algo juntos mes a mes, en torno a la literatura, ese tejido de sensaciones, ese aglutinante de pueblos.

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