Por Roger Herrera Rivas 

Caracas 06 del 11 DE 2018.
Ponencia leída en el Instituto “Armando Reverón” IUSEPAR,
propiciada por el C.E.C.A. en Caño Amarillo, perteneciente a UNEARTES. 

Con humildad a: Luis Bigott

Lamentablemente nuestros entendidos en la praxis teatral han subestimado los conocimientos científicos heredados de Marx y de otros baluartes de la historia como ciencia, para darse a la tarea de cada vez que señalan a través de sus hermenéuticas la obra de César Rengifo, caen en el error de clasificarlo como  historiador o cronista del teatro, expresando las siguientes ideas: “es el único dramaturgo que ha llevado la historia de un país a las tablas”,  mentira piadosa  y fácil de refutar, al observar los ejemplos de quienes como: Esquilo, Sófocles o Eurípides en la antigua Grecia; Shakespeare en la Inglaterra del renacimiento o del S.XVI, además de las contribuciones de Bertolt Brecht y Heiner Müller en la Alemania contemporánea, las cuales dibujaron el proceso histórico de sus naciones a través de la dramaturgia.
Además de alimentar el error desde la perspectiva “historicista”, al decir de Popper, el error está en confundir una “interpretación histórica”, con una teoría o una ley. La “interpretación” es parcial y, si se admite así útil para ordenar  parcialmente  lo que de otro modo sería una acumulación caótica de sucesos. (…) Porque la historia admite muchas “interpretaciones”, coincidentes, complementarias o contradictorias, pero ninguna “ley” en el sentido de decurso único e inevitable.” (Vargas Llosa; 1990., p, 11)

I. El Relato Social y su caracterización en los espacios cesarianos

El relato épico social trabajado por Rengifo, supera las expectativas melodramáticas del héroe burgués, no copia ni asimila las enseñanzas de los paradigmas coloniales. Arremete desde la alteridad a l destacar sugestivos rasgos y las subjetividades de no sólo las culturas originarias, sino del papel  del negro en la lucha emancipadora y el rol jugado por el hombre blanco de orilla, así como el mantuano como sujetos sociales –emparentados  en la lucha emancipadora de este territorio.
Al sugerir territorio nos acercamos a la noción de lugar e historia… Manejada por el Prof. Luis González y González y su llamada historia matria, a saber: “Es así legítimo entonces también acercarse al pasado de las gentes cuya existencia, nace vive y muere en pequeñas localidades. Es aquí donde se inscribe la llamada Historia parroquial o microhistoria, que se detiene en los pequeños espacios, que se interesa en descubrir y explicar las dinámicas de las microsociedades. En oposición a la historia de las naciones, que corrientemente se le denomina  historia (de la) patria, Luis González y González la ha bautizado con el provocador nombre de Historia Matria. (Medina Rubio; 2002., p, 18)
Todo este calidoscopio de nuestra nacionalidad es reflejado en la obra del dramaturgo, poeta y artista plástico, donde fechas, fichas y datos no son lo esencial, tampoco la historia magna o monumental llega a apabullar al hombre simple de nuestro suelo o terruño. Tanto en la obra teatral, plástica y poética de César Rengifo, el hombre es tejido desde sus subjetividades, y aparece clamando por el cambio social, haciendo rupturas paradigmáticas en el universo de la ética, rompiendo lo establecido o enderezando entuertos. La búsqueda desde la historiografía hacia una historicidad crítica lo hace despojarse de cualquier vínculo con los vicios  en el orden investigativo heredados o trasplantados por el colonizador. Rengifo proyecta en sus personajes lo que deberíamos ser y aclara lo que somos y lo que fuimos como una suerte de enseñanza, de aprendizaje, de “aprehender haciendo” para poder avanzar como sociedad, para poder construir al hombre nuevo. Por ello constantemente da luces del ramo de virtudes que acompañan espiritualmente a nuestro pueblo bebiendo en los fueros descolonizadores de Simón Rodríguez.
Sin embargo para realizar toda esta gesta de construir o de̶ constituir un país  en los términos de rehacerlo , es necesario aclarar el modo o modos de hacerlo, aclarar la praxis no desde el modo ideático sino desde los fueros del marxismo como instrumento de cambio no dogmático. Para ello, nuestro viejo maestro Rengifo aludía: “el artista debe batirse en el oleaje fecundo y maravilloso de la práctica social total”. Es necesario insistir que la diferencia entre un revolucionario y quien no lo es, es dado por su praxis.
Atendiendo estas reflexiones, invitamos al lector a leer y meditar las siguientes líneas.

II. ¿Qué entendemos por práctica?

Los términos praxis y práctica son comúnmente empleados en nuestra lengua. Sin proponernos un análisis semántico, utilizamos el término praxis, descartando su significación etimológica. Aceptamos por praxis la acción que engendra un objeto exterior al sujeto y a sus actos.
Para Marx:
“Toda la vida social es esencialmente  práctica”, no en el sentido práctico utilitario de la conciencia ordinaria sino en el sentido, de que los individuos son, en su realidad, el conjunto de relaciones sociales, y por consiguiente, lo que estos son, depende de las condiciones materiales de su producción.” (Quintero V., 1969., p, 47)  
El trabajo cesariano también nos aporta al héroe problemático de la modernidad basado en el hombre moderno, ya anunciado por Miguel de Cervantes y Saavedra a través de su espejo como escritor, es decir el personaje Alonso Quijano que enloquece  de tanto leer novelas de caballería  y le da por llamarse Don Quijote de la Mancha. Como refería atrás, es un héroe problemático pero bien hecho, confuso a la manera de Hamlet de Shakespeare, sin embargo constructor de sociedades. Los héroes de Rengifo apuestan al proyecto civilizatorio pero sin dejar de mirar su ombligo, sin descuidar el mirar hacia dentro, hacia lo que somos. 
Como a la manera de Simón Rodríguez  en su ideario social de “Inventamos o erramos” o del apóstol José Martí en el ensayo América. Concluimos entonces, que la obra del dramaturgo Rengifo, es un hecho civilizatorio desde la perspectiva multicultural y pluralista, desde el respeto tanto a las raíces como a sus protagonistas. 
Otro filón, otra veta que hubo de explotar el compañero César para alimentar su trabajo, es el haber visibilizado a las tres fuentes culturales de nuestra idiosincrasia, no ya como personajes maliciosos, indígenas vengativos, negros serviles o en extrema situación de goce y lascivia o blancos pobres y temerosos de la justicia divina y la corona. Nuestro autor, los incorpora bien sea a la trama del cuento, en el verso del poema, en la imagen plástica o en el desarrollo dramático por vez primera, como seres pensantes y protagonistas del desarrollo socio̶ histórico. Con anterioridad, por lo menos aquí en la América estos personajes eran reducidos a tipos, a descripciones deterministas a letra vacía de significante, a reducciones en cuanto al significado, a la nada. Nuestro César de la dramaturgia descolonizó la escena.
Hacemos un llamado de atención: al incurrir en el error de categorizar la obra de César Rengifo como paradigma en cuanto a la periodización de las luchas de nuestros diferentes estamentos sociales en los diversos momentos históricos librados por nuestros coterráneos en la lucha por la liberación por la independencia de Venezuela. El meollo del problema no está en el uso de fechas, fichas, datos y la exaltación del héroe de turno, sino en la construcción del personaje, su valoración social, independientemente de su origen étnico o económico, debemos destacar el papel que jugó, juega y jugará dicho personaje en la siembra de valores y la construcción de una sociedad nueva. 
Al sólo nombrar al héroe, caemos en la trampa burguesa de significar a un hombre y sus hazañas, repetimos la historia magna, damos la espalda a la matria, a la llamada historia regional o local, damos la espalda a nuestro pueblo. Estas prácticas se prestan a la desvalorización de los tres grupos que conforman nuestro ser multicultural y por supuesto a la reducción de estos actores sociales a un simple abalorio o un adorno en el contexto o el devenir histórico. Otro bemol heredado de la mala praxis escritural en cuanto a la conformación social del héroe es que relegamos el rol de nuestros actores históricos para convertirlos en simples informantes señalados de manera denigrante a un pie de página en el texto, cuando en realidad es ese personaje, su constitución, el aporte de su subjetividad el valor más importante que tenemos y debemos desarrollar en la trama a edificar.
Los escritores apátridas siempre nos presentan y presentarán como voces silenciadas y anónimas que nada tenemos que decir, ni ninguna contribución que dar con respecto al proceso histórico de la nación. 
Al categorizar la obra cesariana  como sólo un producto histórico, sufrimos la consecuencia de reiterar las formas de reproducción y explotación de la clase dominante sobre la clase dominada, la relación de clase entre explotadores y explotados. Así damos cuenta vergonzosa de nuestra minimización en el papel que nos toca jugar en la historia a partir de nuestras sustancialidades y relaciones de clase.
Por ello necesario es para el investigador o profesor teatral o bien para educadores o pintores educadores o maestros en literatura que antes de hacer este tipo de observaciones pueriles pero de desbastadoras consecuencias. Sería loable preguntarse sobre cómo Rengifo percibió desde la alteridad  heroica o desde el sustrato de la historicidad como producto interdisciplinario entre los motorizadores de los cambios sociales, es decir el pueblo y sus praxis, las cuales confirman no sólo su acervo y reivindican su identidad, sino que enlazan territorio e identidad desde la interactuación y transformación de la realidad concreta.
Otros elementos que se suman al perfil que debe obtener el hermeneuta de la obra de Rengifo, serían los siguientes ítems que deben ser revisados a la luz de la realidad y ver su pertinencia en cuanto a herramientas para la transformación  de la historia no como la proyección del héroe de bronce y del himno fúnebre a su desaparición. Ni como trizas de papel cuya tinta es letra muerta. Sino más bien como el río desbordado de sus actores sociales haciendo énfasis en la transformación desde el relato social como vínculo para erradicar los visos del colonialismo. Para reconocernos y mirar partiendo de la idea de José Martí y del sueño descolonizador de Simón Rodríguez.

A manera de Coda: Textualidad y significación.

Ofrecemos, para su posterior caracterización, el uso  en los términos investigativos  de una historiografía de-colonial y descolonizada. Donde el sujeto histórico por excelencia sea el trabajo arduo del pueblo en su proceso transformador de la sociedad. Proceso que involucra territorios, saberes, conocimientos y praxis de dichos protagonistas.

CITAS BIBLIOGRAFICAS:

  1. Vargas Llosa, Mario. Karl Popper y el Historicismo. Suplemento Cultural de Últimas Noticias. 11/ Caracas, 07̶01̶90; p, 37.
  2. Medina Rubio, Arístides. Historia regional y Local. Ediciones del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional. Caracas, 2002, p, 18.
  3. Quintero V, Magello. La Práctica Social. Publicado en Revista de la Universidad del Zulia. Números 44 ̶ 47. Maracaibo, enero̶ diciembre., 1969, Pp, 44 ̶ 47.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

  • Vargas, Llosa. Mario. Karl Popper y el Historicismo. Suplemento Cultural de Últimas Noticias. 11/ Caracas, 07 ̶ 01 ̶ 90.
  • Medina ubio, Arístides. Historia regional y local. Ediciones del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional. Caracas, 2002.
  • Quintero V, Maguello. Revista de la Universidad del Zulia. Números 44 ̶ 47. Maracaibo, enero ̶ diciembre., 1969.



Roger Herrera Rivas
Poeta venezolano (Caracas, 1962). Es licenciado en teatro por el Instituto Universitario de Teatro. Ha publicado el estudio monográfico Apuntes sobre el teatro y su doble (2001) y los poemarios Fragmentos (1987), La crin de Dios (1996), Desadaptados (2000), Elegías de Wölfing y Los balandros son dioses (2005). 
Contacto: 0426-5169205 -  rhnavaja@gmail.com

Madriguera es una revista literaria hecha en Venezuela por Ediciones Madriguera. Una casa para encontrarnos, vernos a los ojos, leernos, escucharnos, reconocernos y tomarnos algo juntos mes a mes, en torno a la literatura, ese tejido de sensaciones, ese aglutinante de pueblos.

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