Relatos cortos de Paraguaná

Por Israel Antonio Colina




Suena el teléfono de ella, apresurada lo toma en sus manos y responde: Aló, aló… y se escucha una voz masculina que pregunta: ¿Señora, a usted le robaron hace un rato su camioneta? Y responde en tono afirmativo a la vez que pregunta: ¿Quién es usted, cómo sabe eso que me acaban de robar mi camioneta? Tranquila señora, su camioneta la tengo yo, solo debe cumplir con mis instrucciones y verá que todo saldrá bien. Escuche bien lo que le voy a explicar: en una bolsa plástica negra introduzca dos millones de bolívares en billetes del nuevo cono monetario.
Ella, toda nerviosa, le dice: ¡Bueno usted se ha vuelto loco! Acabo de perder mi camioneta último modelo cuando dos hombres con pistola en mano me abordaron en la avenida Bolívar de Punto Fijo, me sacaron a empujones y se la llevaron, ahora usted me viene con ese pedimento. ¿De dónde saco ese dinero? Soy una mujer sin trabajo fijo, para poder subsistir me he visto en la necesidad de vender productos de la cesta básica subsidiados por el gobierno, de esos que traen de México en las cajas Clap, y  que los vendo en el mercado paralelo a precio de dólar libre.
–Señora, no se me ponga Popi (cómica) –le respondió el delincuente haciendo alusión a aquel comediante de nombre Diony López–. Si a ver vamos, se dará cuenta que ambos estamos trabajando para el mismo equipo, lo único es que usted tiene carro y yo no, pero en el fondo los dos somos delincuentes, usted comercia con el hambre del pueblo, con la diferencia que no usa pistola, pero tiene el alma negra.

–¡Ya basta! No me insulte, me está faltando el respeto también. Me despojó de “mi herramienta de trabajo”, me está pidiendo esa cantidad de dinero tan alta, estoy para volverme loca. 
–Bueno entonces no hablemos más –ripostó el rufián– vaya con ese dinero y lo deposita en una pipa de basura color azul que está frente a un edificio en construcción en la avenida Ollarvides esquina con calle Girardot, mis secuaces estarán pendientes de esa operación. 
–¡Dios mío! ¿Por qué tiene que pasarme esto a mí? ¿Cómo es eso que debo ir y depositar esa cantidad de dinero en una pipa de basura? Yo voy a un banco y después de hacer una larga cola en pleno sol cuando hago la operación en un cajero automático, éste me informa que no hay dinero disponible y usted con su voz de ultratumba me está obligando a realizar esa operación en una pipa. Usted sí que es  bien desconsiderado. ¿En quien confiar para yo dejar semejante suma ahí y que me devuelvan mi camioneta? 
A lo que le respondió el delincuente: –En mí señora, no desconfíe, yo soy una persona honorable y de palabra, mi palabra es un documento.


[autor]

Madriguera es una revista literaria hecha en Venezuela por Ediciones Madriguera. Una casa para encontrarnos, vernos a los ojos, leernos, escucharnos, reconocernos y tomarnos algo juntos mes a mes, en torno a la literatura, ese tejido de sensaciones, ese aglutinante de pueblos.

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