Orden en la sala y otros poemas de María Alejandra Rendón


María Alejandra Rendón (Valencia, 1986). Poeta, actriz y promotora cultural. Licenciada en Educación, mención Lengua y Literatura con maestría en Literatura Venezolana por la Universidad de Carabobo. Forma parte del Frente Revolucionario Artístico Patria o Muerte (FRAPOM), del Colectivo Literario Letra Franca (miembro fundadora), y de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela. Es parlamentaria (suplente) de la Asamblea Nacional. 
Ha participado en diversos concursos y festivales nacionales e internacionales de poesía, entre los que destacan: Encuentro de Jóvenes Voces del Presente (2003), Encuentro Internacional de Poesía UC (2008 y 2011), Festival Mundial de Poesía de Venezuela (2012). Ha publicado en varias revistas y portales digitales nacionales e internacionales. Entre sus obras se encuentran: Sótanos (2005), Otros altares (2007), Aunque no diga lo correcto (2018) y Antología sin descanso (2018). Fue merecedora del Premio de Poesía de la Bienal Orlando Araujo (2016) con su poemario Razón doméstica.


ORDEN EN LA SALA


No preguntes quiénes son ellas. Han guardado
las llaves en el fondo
donde callan…
 
Luis Alberto Crespo

*
En una favela de Río de Janeiro 
a ELLA
se la comieron entre un poco más de treinta
como una patilla repartida
la mordieron bebieron el jugo
le cavaron un túnel a martillazos en su pudor de hembra
Ella no recuerda
pero el aliento de los cuervos la mantiene en vilo frente a la audiencia
ELLA no recuerda 
repite mucho la palabra dolor
lo cual
no es prueba suficiente

En un callejón de España
ELLA sintió el jalón de una manada 
le desfloraron el último grito de la entrañas
la dejaron en medio de un charco de culpas:
-Reconoce usted que ese día consumió alcohol y otras sustancias
-Sí 
-Reconoce usted que se ñ sola
-Sí
-No más preguntas su señoría




ALEGATO


Venga esta noche vieja raposa
venga abuela 
usted
nuestra primera difunta.

Katherine Castrillo



Soy María
 hija de María
 nieta de María
La abuela Ramona
tenía una tarde de agosto tejida en la cabeza
nació de un pájaro
que no cantaba ojos Kariña
cuerpo pequeño de anchas pantorrillas
lloraba sus derrotas frente a la batea
mientras blanqueaba cuellos de camisas
 bendecía el patio 
 traía la paz las flores nuevas
Sobre sus manos levantó un país
al margen de la burocracia
nueve partos con su mismo rostro
criados con fe y caldo de gallina
 Ramona
 abuela de María
 madre de María
se suicidó un viernes
dijeron
que la tentó el diablo
que quedó sin lengua
 En su agonía
miraba piadosa el reino de la muerte
 pedía perdón
en nombre de todos sus verdugos.




MUJER QUE CAE



Mujer que cae mil veces
desde todos los pisos
desde el vientre de la madre
Incluso desde antes
Hace tiempo que caemos hermanas
hasta cuándo este plato de vértigo a la boca
alas de cenizas cayendo como polvo de libélulas
Ella cae
aquella cae con el peso de todas las lenguas
todas caemos como bombas mal hechas
ninguna detona en el silencio
se nos enfría la mecha en la mitad de nosotras
Caemos desde las pantallas
nos empujan desde los balcones de la ley
los noticieros
los más altos escalafones
desde las iglesias y los techos de cristal
Nos empujan desde nuestros pies
desde el tobogán de amor
desde la cama
desde el clímax de nuestros cuerpos
Una mujer cae
choca en cada milímetro
todo el vacío es pavimento
una roca
una enramada
un filo que nos desangra la memoria
todo golpe contra él nos deja más deformes
Y así
seguiremos cayendo
y no hay grito en el vacío que nos salve
ni cárcel para tanta culpa
seguiremos cayendo si no aclaramos
que no caemos, sino que nos arrojan
nos matan
entonces
habremos de burlar los precipicios
zurcirlos con el hilo de la voz conjunta
haremos con fuerza las junturas
en el aire fracturado por nuestras hermanas
nos haremos dueñas del vacío
y caeremos
ésta vez sí
por nuestro propio peso
como la lluvia
desde lo más alto de un cielo sin Dios y sin verdugos
Caeremos
sin soltar las armas
como ejército
en combate.





LLUVIA


A la abuela

Se iba a los matorrales a llorar sobre los golpes
porque no le gustaba dejarse ver así
En un banco se posaba a despedir la tarde
de espaldas a la casa
dibujaba con una astilla sobre el suelo del patio
allí dejaba la forma de su dolor profundo
para que más tarde 
se lo llevara la lluvia.







Todo se oculta detrás del cielo que encapota la noche
nubarrones camuflando el vacío
 más cerca que de costumbre
espesando la sangre
de los insectos

los árboles se aquietan
las aves se esconden
se oye el viento
atrapado en los límites de la oscurana
vaivén de olas 
huérfanas de orilla
como en la concha
de los caracoles.



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