El siguiente articulo responde a una linea de investigación que lleva el escritor, sociólogo y artista visual Miguel Antonio Guevara, en...

Nuevos apuntes sobre el libro y la escritura digital ( I )


El siguiente articulo responde a una linea de investigación que lleva el escritor, sociólogo y artista visual Miguel Antonio Guevara, en el cual hace una exploración sobre el panorama de la escritura y el libro en la era digital.

Por Miguel Antonio Guevara

El libro digital o electrónico es una realidad; sin embargo, lejos de ser un formato es más bien un lenguaje en constante cambio. En su hechura participan diferentes subjetividades del mundo en línea en donde hacen vida heterodoxas comunidades de sentido para las que el acto de producción de contenido es vital. Al mismo tiempo, este contexto nos convoca a la construcción de nuevos roles editoriales, escriturales, de lectura y difusión. En estas líneas reflexiono al respecto.

El libro se orienta a otros lugares

Desde hace varios años trabajo en torno al libro, no solo el libro como objeto sino en tanto entidad o producto social y al mismo tiempo me gusta problematizar sobre las múltiples transformaciones que atraviesa y su impacto en la cultura.
El libro ha sido un importante agente de la historia humana y él mismo ha pasado por diferentes etapas que han supuesto desde la transformación de cómo consumimos información e incluso cómo la transportamos, entre otras cosas, afectando a su vez nuestra manera de leer o escribir y lo que es más importante: nuestra manera de pensar y socializar.
Todas estas dimensiones o lugares del libro me interesan. Desde más reciente he estado involucrado en procesos que implican pensar al libro en entornos digitales. Deriva que me ha llevado a colaborar en la fundación de proyectos importantes a nivel institucional, así como a encaminar mi propia línea de investigación sobre el tema.
Aunque ha pasado tiempo sin que escriba cosas nuevas sobre el asunto en cuestión, no dejo de pensar, reflexionar, apuntar y leer al respecto. En una que otra ocasión estoy participando ya sea en discusiones o debates sobre el devenir del libro, y el papel de la escritura en los entornos y lenguajes digitales. Este tránsito me ha permitido reformular o cambiar algunos enfoques en torno a ese tema que me interesa tanto y es por ello que escribo estas líneas.
Todo investigador que se precie cambia de opinión de vez en cuando. Los procesos que atravesamos en la búsqueda de conocimiento nos recuerdan que el asunto no es como queremos sino como realmente es. La realidad no solo es inaprensible sino difícil de explicarla, y los fenómenos se nos escapan de las manos como un sueño al despertarnos. Pareciera que una vocecita nos dice “ahí estaba la certeza pero se acaba de ir, ahí estuvo pero ahora es otra cosa…”.
Creo que los asuntos del libro o los derroteros de la escritura, porque si se habla de libro se habla de escritura y viceversa, van hacia otros lugares y no precisamente hacia el libro como objeto o sujeto. Al respecto tengo varias intuiciones que trataré de mostrarles.

Más que libro y escritura se trata de comunidades de sentido

Pareciera que esta generación y sus coetáneos han nacido al calor del deseo lutherkineano, es decir, asumen seriamente esa premisa de plantar un árbol así el mundo se acabe mañana. Revistas, editoriales, libros, observatorios culturales, colectivos y muchas otras iniciativas se despiertan en estos tiempos de crisis sanitaria. 
La amenaza que vive la especie humana con la aparición del virus corona no ha sido un impedimento para realizar recitales, conferencias, foros, seminarios, nuevas ediciones, reediciones y una larga lista de iniciativas que hacen converger a ciertos elementos: libros, escritura, escritores y por su puesto: lectores.
A mí me gusta decir que hemos vuelto a las comunidades de sentido, puesto que más que un objeto el libro, o las actividades en torno al libro, son fenómenos que permiten la creación de tejido social, ahora más bien una suerte de tejido social digital en donde el centro o el punto que reúne las diferentes hebras de un gran tejido es el libro y por supuesto la escritura y la lectura.
Algunos de ustedes dirán que siempre se ha tratado de comunidades de sentido… por supuesto, sin  embargo, dichos grupos o entidades han sido atravesadas con los años por las lógicas institucionales o del mercado editorial. Ahora la respuesta ha sido independizarse de estos aspectos “legitimadores” del campo cultural literario. Cada comunidad de sentido tiene su propio circuito de circulación en donde participan por supuesto, editores, escritores y lectores. Las redes sociales y las páginas web, y la diversidad de formatos han permitido la inserción de los textos en distintos medios y lenguajes. El libro ha pasado a otro lugar, pero el lenguaje, la escritura y los lectores reflexivos, quedan.

Más que escritores de libros hay productores de contenidos


¿Qué debo hacer con mi obra?, ¿acaso realizar un plan editorial y sacar libro a libro mensualmente, anualmente, bimensualmente, semestralmente?, esa pregunta ronda las cabezas de los escritores que están atravesando este cambio de paradigma, son interrogantes en plena vigencia. 
No es un tema sencillo el asunto del libro físico y el digital, tal vez seguiremos reflexionando al respecto en los años por venir.
La exploración de la brevedad y los hilos en Twitter, los cuadros de diagramación en Instagram, stories de lecturas, más hilos en Facebook de historias que nos atrapan con imágenes y textos, memes que van y vienen, cadenas por WhatsApp y Telegram, grupos y bots para descargar libros en donde se dan cita cientos de personas, comunidades de sentido que además son productores de contenidos.
Un contenido puede existir en físico, por ejemplo, pero al digitalizarse se convierte en un contenido nuevo porque es otro formato, otra materialidad, y a la vez tiene otras posibilidades de circulación.
Un grupo o bot de Telegram puede tener cientos, realmente cientos de hablantes de una lengua compartiendo minuto a minuto libros entre ellos de todos los géneros y de autores de diferentes idiomas; allí está, otro círculo de lectura o de compartir información, libros, comunidades de sentido que además producen contenidos a partir de materiales del mundo físico para ofrecerlos a las limitadas y todavía incipientes democracias digitales.

El lector ha vuelto a importar

Hay quienes piensan que solo los escritores se leen entre ellos, pero la verdad es que el lector, esa figura difusa e idealizada a veces, existe y ahora más que nunca. El asunto es que las lecturas y los lectores del presente son mucho más inteligentes que los lectores del pasado.
Estos lectores de ahora son también escritores o copartícipes de la producción de contenidos, y no solo correas de transmisión de los contenidos en las comunidades de sentido. También realizan críticas y a su vez modifican los discursos con su propio lenguaje, para a su vez transmitirlos a sus propias comunidades de sentido.
Tengo lectores que han hecho hilos de mis libros o tuits o stories y me los he topado por accidente, he allí la maravilla de la creación que deja de ser de uno mismo para rodar en los scrolls y timelines infinitos de la red para que otro lector o lectora se tope con él y haga con ello lo que quiera. De un campo de fuerza a otro con la posibilidad de la viralidad o no, no es necesario, lo importante es que los materiales circulen y en ese proceso puedan encontrar su lector o lectora. La viralidad no puede ser el objetivo, sobre todo porque cada autor, editorial o generador de contenidos tiene su propia audiencia, la única diferencia es tal vez que hay audiencias más grandes que otras y todas son valiosas por su excepcionalidad cualitativa.
Este es otro reto de la escritura y los lenguaje para la red, volver de nuevo a la empatía con el lector. Despojarse del escritor o la escritora que escribe para escritores sino escribir para lectores a veces más inteligentes y formados que los mismos escritores. A los lectores contemporáneos solo les basta googlear para descubrir nuestras trampas creativas, referencias y hasta influjos. “Vamos, sorpréndannos…” parecen decir los nuevos lectores.

Nuevos oficios o roles editoriales

En estos días me topé con una descripción de una cuenta en Twitter que decía “fotógrafo de gatos”. Pues este guiño es más una realidad que una fina ironía o deseo millennial. Si algo ha cambiado actualmente es la necesidad de nuevos roles o papeles en el oficio editorial.
No se trata solo de un community manager, sino también de creadores de contenidos que tengan la creatividad y además la versatilidad de poseer diferentes habilidades, hablar el lenguaje digital para así incorporar nuevos discursos más allá del libro y también para promocionar a los libros y sus autores.
Las editoriales del presente y del futuro necesitan no solo digitalizar o convertir en PDF o EPUB sus archivos y publicarlos como “libros digitales”, sino también tener un área dedicada a los contenidos digitales. Zapatero a su zapato, es decir, las áreas de la edición en físico y las áreas de edición en digital deben ser enteramente independientes, con la finalidad de orgánicamente generar sus propias propuestas y procesos a partir de la experiencia con sus públicos, que dependen, por supuesto, de contextos culturales, políticos y digitales particulares.
No es lo mismo una política de producción de contenidos para México, Venezuela o Argentina, por ejemplo. La globalidad es una realidad, sin embargo, las estadísticas deben servirnos para particularizar a los usuarios finales o lectores de nuestros contenidos.
¿No he nombrado ningún rol?, pues entre ellos se me ocurre:

1.- Coolhunter editorial. Se trata de un navegador sin rumbo por Internet. Una suerte de caza tendencias, un investigador o investigadora que esté al día de lo que está sucediendo en el mundo del libro y de los contenidos digitales para aplicarlos a su propia realidad.

2.- Programador multitasking. Una persona capaz de crear desde apps de lectura a bots para descargas de libros, citas, frases potentes, autores, etc. Que también se encargue de la ciberseguridad de los espacios digitales (webs, redes, entre otros).

3.- Wikipedista y conocedor de las licencias libres. Si no estás en Internet no existes y si no estás en Wikipedia tampoco. Una persona que no solo sea experto en archivos wiki sino también una suerte de activista por el conocimiento libre encargado o encargada de realizar ficheros de autores desconocidos, emergentes y fuera del canon, e incluso actualizar las entradas de los autores consagrados, también de la gente que ha tenido obra que ha pasado por debajo de la mesa y puedan incorporarse al registro y sistematización para reconocer su trabajo.

4.- Curadores de contenido literario y traductores. Lectores y lectoras, gente encargada de seleccionar textos, autores, reseñas, para adaptarlos a los diferentes formatos web y redes sociales. Y los traductores, pues, ¿es realmente necesario que diga por qué son importantes?, no estar en Internet es equivalente a no existir, también es bueno recordar que la mayor parte de la información en la web está en inglés, por ejemplo, no está demás que las entradas en Wikipedia de los autores nacionales tengan su versión en inglés, al menos para empezar.

5.- Bloguer@. El bloguero hace críticas, reseñas, periodismo cultural digital y además sirve como un evaluador de los contenidos (o control de calidad) convirtiendo su trabajo en experiencia de usuario para así trabajar en lo que haga falta para mejorar los contenidos.

6.- Community Manager Literario. No es una persona que programa contenidos y ya, sino que es un lector que escribe o un escritor que lee mucho de lo que hay en la red. Sabe a quien seguir (editoriales, influencers literarios, youtubers, blogs, webs, revistas), concibe las redes sociales como un networking cultural.

7.- Planner literario. Es una persona con el conocimiento para realizar la planificación de los contenidos, colegiando con el equipo y los actores del mundo literario. Organiza grillas de eventos, ferias, conferencias, publicaciones, lives, entre otras actividades digitales. Cada contenido por más inocente o humilde que parezca es un evento, y el planner lo entiende como tal, cada cosa debe ser cacareada sin convertirse en un horroroso spamer.

8.- Editor/corrector y diagramador/diseñador de Ebooks. Incluye los formatos existentes o más utilizados. Es una figura muy importante porque está experimentando constantemente con las posibilidades, los formatos (epub, mobi, entre otros), aplicaciones de lectura, fuentes, portadas, hipertexto, etc.

9.- Influencer literario. El influencer literario es una figura que sirve como animador o mediador de lectura digital, comunicador digital, booktuber entre otras formas de difusión. Como podemos imaginarnos, debe tener ciertas habilidades comunicativas para poder convertirse en el rostro de los proyectos editoriales.

10.- Estratega digital. Cumple la misión de evaluar la data y la estadística que genera el trabajo para así modificar los procesos en función de las necesidades, además de un papel muy importante: buscar las formas de hacer sustentable económicamente los proyectos.
Ojo. Esto es apenas un borrador, es decir, como todo lo digital existe la posibilidad de modificarlo, editarlo, engordarlo, corregirlo, son apenas ideas para la conformación de un equipo editorial digital.

De nuevo el mismo asunto de Maurice: el libro que vendrá

En otras ocasiones he comentado el extraordinario trabajo de Maurice Blanchot El libro que vendrá, en donde plantea distintas reflexiones sobre el devenir del libro. Lo traigo de nuevo a discusión puesto que su pregunta o tensión sigue vigente. 
Comunidades de sentido, productores de contenido, el rol del lector y los nuevos roles editoriales, son apenas algunas de las nuevas subjetividades del fenómeno de la lectura y la escritura digital, a las que eventualmente se le agregarán otras manifestaciones e identidades que participan en la hechura de los discursos que circulan digitalmente.
El libro que vendrá es más bien un devenir, un fenómeno que se va haciendo en una caída, se hila en la medida en que pasa el tiempo y se suman nuevas experiencias, y que más que ser una sola entidad ahora son un sin fin de narrativas hipertextuales y experiencias transmedia operando, ofreciéndonos la posibilidad de navegar en sus páginas infinitas a un click o a un golpecito de distancia en nuestras pantallas táctiles.



 1. Este texto es el borrador de un trabajo más extenso que elaboro actualmente. Podría decirse que esta es la síntesis de dicha investigación.

Miguel Antonio Guevara 
(Barinas, 1986) Poeta, narrador y ensayista venezolano. Sociólogo, maestrando en filosofía. Publicado y premiado en narrativa, ensayo, poesía y periodismo en Colombia, Venezuela y Suiza. Su nouvelle Mahmud Darwish anda en metro (El Taller Blanco Ediciones, 2019) recibió el VI Premio Nacional Universitario de Literatura «Alfredo Armas Alfonzo». Es autor del blog Cuaderno Hipertextual. Actualmente prepara un volumen de su poesía titulado Mudable, Antología transitoria 2009-2019 (Ediciones Madriguera) y lleva la columna de crítica Postales distópicas en el portal web Mentekupa.

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