Un ensayo de Benjamín Eduardo Martínez Hernández que nos aproxima al Eros, en un ejercicio critico y filosófico.
Por Benjamín Eduardo Martínez Hernández [1]
1. Eros como inspiración y voluntad
Uno de los aspectos más resaltados por variados exégetas, tanto como si no
existieran otros más, de la alocución de Fedro en El Banquete de Platón,
reside en la necesidad de admitir la intervención de Eros en los mortales,
especialmente como fuente de inspiración, la cual, agregamos, pudiera
verse bajo la forma de con-figurador de la propia voluntad de quien ama.
Así, le concederemos a Eros, siguiendo a Fedro, un papel sumamente
importante para la propia vida. Pues, ¿Qué es la vida sin amor?
Ciertamente, una vida que no puede llamarse tal, que no merece ser vivida.
La vida solo puede ser si es sabiamente vivida, la vida debe conducirse
hacia la posibilidad de ser vida buena, he allí el amor.
2. Eros como posibilidad realizativa de la vida
El punto anterior nos conduce a la necesidad de reconocer lo que en
Eros reside e impulsa: la realización de la vida, vida que sigue el
buen ejemplo, ejemplo que sigue, desde la pasión a la/al amada/o,
digamos, al objeto de deseo… Y ¿Qué es una vida sin deseo?
Tampoco podemos denominarla como tal, es una vida que no puede tener
dicho nombre.
En este punto debemos recordar, pensando desde el aporte
socrático-platónico presente en otros diálogos, por ejemplo, Gorgias y
Protágoras, que el deseo/placer no puede vivirse en exceso, sino en su
justa medida [3], pero no perdamos de vista la importancia del sano
hedonismo donde también, inevitablemente, reside Eros. Podemos y
debemos gozar, he allí el placer de la vida, pero nunca en exceso, y
el valor de Eros exaltado por Fedro: Eros está en el goce como amor
que es, un amor tan corporal como espiritual, el primero puede
conducirnos al goce, pero como bien señalarán los otros
interlocutores, de esto no trata únicamente la vida. El goce,
siguiendo al Sócrates-Platón de otros diálogos, está en la sabiduría
que supone la justa medida propia de cada cosa, y, en especial, la
trascendencia del goce carnal, del cuerpo por el cuerpo mismo, el
auténtico goce será, entonces, espiritual, tal es la senda de la
propia filosofía, amor al saber, al alma, a lo Uno.
Es aquí donde debemos tener presente que bíos es esa misma acentuación
de quien no sólo respira sino que piensa y se piensa. Agreguemos: el
pensar por el pensar mismo, sin pasión, no puede adquirir su potencia,
necesita pro-yectarse para desplegar su sentido sentir. El valor de
Eros, residirá pues, siguiendo a Fedro, en su potencia (Ramos de
Souza, 2011).
Eros constituye al propio sujeto en tanto bíos pasional, nos hace
padecer, es decir, sentir/lo, pues el amor se siente o no se siente.
La vida es amor, de lo contrario sería la muerte, la mala muerte, pues
la muerte digna es la que merece quien ha cultivado en vida la
filosofía.
La proyección pasional, amatoria, de la vida hacia el otro en tanto
amado, está presente en la intervención de Fedro, e insistamos de
nuevo: tal es la estrategia primaria, fundacional, para arrancar la
pedagogía platónica presente en El Banquete.
Comprender la intervención de Fedro no puede hacerse sino desde una
visión de la totalidad del diálogo, esto es, de una manera integral e
integradora, sólo así podremos percibir que no se trata de un conjunto
de frases ingenuas, sino más bien de una intencionalidad platónica.
El punto anterior nos conduce a la necesidad de reconocer lo que en
Eros reside e impulsa: la realización de la vida, vida que sigue el
buen ejemplo, ejemplo que sigue, desde la pasión a la/al amada/o,
digamos, al objeto de deseo… Y ¿Qué es una vida sin deseo?
Tampoco podemos denominarla como tal, es una vida que no puede tener
dicho nombre.
En este punto debemos recordar, pensando desde el aporte
socrático-platónico presente en otros diálogos, por ejemplo, Gorgias y
Protágoras, que el deseo/placer no puede vivirse en exceso, sino en su
justa medida [3], pero no perdamos de vista la importancia del sano
hedonismo donde también, inevitablemente, reside Eros. Podemos y
debemos gozar, he allí el placer de la vida, pero nunca en exceso, y
el valor de Eros exaltado por Fedro: Eros está en el goce como amor
que es, un amor tan corporal como espiritual, el primero puede
conducirnos al goce, pero como bien señalarán los otros
interlocutores, de esto no trata únicamente la vida. El goce,
siguiendo al Sócrates-Platón de otros diálogos, está en la sabiduría
que supone la justa medida propia de cada cosa, y, en especial, la
trascendencia del goce carnal, del cuerpo por el cuerpo mismo, el
auténtico goce será, entonces, espiritual, tal es la senda de la
propia filosofía, amor al saber, al alma, a lo Uno.
Es aquí donde debemos tener presente que bíos es esa misma acentuación
de quien no sólo respira sino que piensa y se piensa. Agreguemos: el
pensar por el pensar mismo, sin pasión, no puede adquirir su potencia,
necesita pro-yectarse para desplegar su sentido sentir. El valor de
Eros, residirá pues, siguiendo a Fedro, en su potencia (Ramos de
Souza, 2011).
Eros constituye al propio sujeto en tanto bíos pasional, nos hace
padecer, es decir, sentir/lo, pues el amor se siente o no se siente.
La vida es amor, de lo contrario sería la muerte, la mala muerte, pues
la muerte digna es la que merece quien ha cultivado en vida la
filosofía.
La proyección pasional, amatoria, de la vida hacia el otro en tanto
amado, está presente en la intervención de Fedro, e insistamos de
nuevo: tal es la estrategia primaria, fundacional, para arrancar la
pedagogía platónica presente en El Banquete.
Comprender la intervención de Fedro no puede hacerse sino desde una
visión de la totalidad del diálogo, esto es, de una manera integral e
integradora, sólo así podremos percibir que no se trata de un conjunto
de frases ingenuas, sino más bien de una intencionalidad platónica.
3. Eros como constituyente de la pedagogía platónica.
Al abordar críticamente las líneas iniciáticas de Fedro, primero debemos
preguntarnos: ¿Qué entendemos por pedagogía platónica? Nos referimos aquí,
fundamentados en el despliegue dialéctico socrático-platónico, en el
reconocimiento de las potencialidades humanas que tenemos cada uno de
nosotros para dar-nos cuenta de lo que podemos lograr si buscamos “la
verdad” o al menos, entramos en el sendero que nos conduce a ella.
La verdad será pues, en Platón, la Idea suprema, el máximo bien, o mejor
dicho, el único auténtico bien, el cual sólo los filósofos la encuentran
en la muerte, pues ese lugar trasciende la materialidad de la vida, donde
el alma se encuentra a sí misma, “se funda con Dios”. Ante esto: ¿Fedro
alcanza o vislumbra tal trascender al exaltar a Eros? ¿Es Fedro amante
sólo de la corporalidad? Si miramos un poco más, podremos alcanzar
aspectos que trascienden la mera superficialidad que esto pudiera suponer,
en Fedro la Idea, la verdad, se encuentra en Eros, es decir, en el amor y
su expresión: Eros verbo y razón.
En la vida, recordemos con Sócrates-Platón, si practicamos el ejercicio
del filosofar especialmente como virtud y muestra del amor hacia sí mismo
y por extensión, hacia el otro, podemos prepararnos para lograr un
“éxtasis espiritual”, si bien nos permitimos aquí dicha palabra, alcanzado
plenamente con la muerte física.
4. Hacia una apología del Fedro del Banquete
Si interpretamos el mensaje que nos quiere decir Platón en El Banquete, a
partir de la intervención fundacional de Fedro, la incidencia de Eros
tanto en la vida como obra como en el propio Banquete, al leer dicho
diálogo de manera bidireccional e integralmente, esto es, del principio al
final y viceversa, volveríamos a Fedro para exaltar a Eros porque este es
en sí mismo la propia metáfora de la vida buena, es decir, no puede
vivirse sino desde y hacia el amor, pero para ello, para que el bíos sea
dignamente vivido, debemos reconocer también que debemos ser tan
pasionales como reflexivos, es decir, filósofos, o al menos acercarnos a
este ideal lo más que podamos.
Se trata entonces de un amor que se impulsa desde la voluntad por y hacia
lo que se ama, como hemos dicho, razón, episteme, y Eros constituyente la
dupla que constituye al filósofo, el auténtico hombre, siendo el amor la
fuente motriz, como amor al saber, esto es, a la filosofía, “como lo bello
en sí” tal y como se desprende de El Banquete, como también en otros
diálogos como Fedón e Hipias II (ver Nuño, 1988, p. 83), expresión de
nuestra necesidad y “capacidad” humana “de amar todo lo bello” (Crombie,
1979, p.198)
Lo anterior nos hace reconocer a Fedro como punto de llegada y no
exclusivamente como punto de partida, posibilidad de una síntesis que no
puede explicarse sino contextualizando la intervención de este personaje
en el diálogo mencionado.
Eros nos inspira, pero sólo en la medida en que sabemos filosofar sobre
él, y co-rresponder-nos, es decir, ser Uno con él, desde la diversidad que
supone el nos-otros. Tal es uno de los mensajes de Platón en El Banquete,
el amor por cuanto amor, inspira, impulsa y constituye al filósofo que
vive, y la vida no es sino en comunidad, sabiamente vivida, sabiamente
porque es amada, vida para sí, y la belleza, la belleza auténtica, real,
es en el fondo inasible, como el amor mismo, el verdadero y su desafío
(ver Nussbaum, 1995).
En consecuencia, podríamos sostener que Amor, Verdad y Belleza, al ser
parte de lo Uno, es decir, Dios, jamás podremos alcanzarlos en vida, sólo
la filosofía, su práctica, puede acercarnos a él. Eros representa al amor
porque es expresión de lo divino y por eso puede impulsarnos hacia él,
sólo el amor nos salva, sólo cuando es auténtico, sanamente vivido,
verdaderamente vivido, tal es el desafío de quien se atreve a vivir, mejor
dicho, a ir hacia la belleza que constituye para ella/él, en tanto amante,
la otredad del/la amado/a.
Volviendo a Fedro, la comunidad empieza ahí donde amante y amada/o se
encuentran, es decir, podemos pensar que el arranque de la philía y el
ágape, se despliega allí mismo donde nos topamos con quien amamos,
conduciéndonos hacia algo más allá de nosotros mismos, sin lo cual no
podríamos ser.
Palabras no tan finales
La disertación nos conduce, por último, a la interrogante: ¿Es la
intervención de Fedro una “mera opinión”, una doxa, o más bien el
fundamento de un “conocer”, una episteme que realza el valor de Eros en la
constitución misma del sujeto hacia la paideia? Consideramos que se
encuentra en el camino hacia el reconocimiento de tal forjamiento. Tal es
uno de los valores fundamentales del papel, digamos máscara, por seguir a
Reale (2016), representada por Fedro y desplegada por Platón en este
diálogo tan importante que es El Banquete, pieza clave en el engranaje de
toda su producción filosófica y, como hemos visto, de la comprensión del
amor en y para la vida. Eros es pues, con Fedro, valor y designio,
symbolon y pro-yecto de quien ama.
Muchas Gracias.
[1] Correo electrónico: benjamineduard22@gmail.com Instagram: @pasajero_2
[2] El presente escrito es uno de los resultados parciales del Seminario Lectivo: Erótica platónica: Una revisión del Banquete de Platón, coordinado por el profesor José Luis Ventura Medina, Escuela de Filosofía, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela. Semestre I-2021. Agradecemos al mencionado profesor y al resto de los cursantes, el acompañamiento de nuestro proceso formativo.
[3] Sobre el particular, resaltan los valiosos aportes de Bravo (2016, p.363).
Referencias citadas
Bravo, Francisco, Las ambigüedades del placer. Ensayo sobre el placer en la filosofía de Platón. Caracas, Venezuela: Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2016.Crombie, I. M., Análisis de las Doctrinas de Platón. Vol. I. El Hombre y la Sociedad. Madrid, España: Alianza Universidad, 1979.
Grube, G.M.A., El pensamiento de Platón, Trad. Tomás Calvo Martínez. Madrid, España: Editorial Gredos, S.A., 1987.
Nuño, Juan, El Pensamiento de Platón, México, D.F., México: Fondo de Cultura Económica, segunda edición, 1988.
Nussbaum, Martha (1995). La fragilidad del bien. Fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega. Madrid, España: Visor.
Platón, «Banquete». En Platón, Diálogos III. Trad. M. Martínez Hernández, 185-287. Madrid: Gredos, primera edición 1986, primera reimpresión, 1988.
Ramos de Souza, Jovelina María (2011). Mostração e demonstração de Eros como philosophos no Banquete de Platão. Tese para obtenção do Título de Doutor, Programa Integrado de Doutorado em Filosofía, Universidade Federal do Río Grande do Norte, Brasil. https://repositorio.ufrn.br/jspui/handle/123456789/22227
Reale, Giovanni. Eros, demonio mediador: El juego de las máscaras en el Banquete de Platón. Trad. Rosa Rius y Pere Salvat. Barcelona: Herder, 2016.
Benjamín Eduardo Martínez Hernández
Escritor venezolano (Caracas, 1980). Es antropólogo, psicólogo y estudiante de filosofía en la Universidad Central de Venezuela (UCV), en cuya Escuela de Sociología se desempeña como docente. Ha obtenido mención honorífica en el Concurso Nacional de Poesía para Liceístas (Casa de la Poesía Pérez Bonalde, Caracas, 1996) y primer lugar en el Concurso de Literatura Miguel Otero Silva, mención Poesía (liceo Urbaneja Achelpohl, Caracas, 1997). Además, con el poemario Tránsito fue en 2014 uno de los cinco ganadores de la XII Edición del Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores (publicado en 2016). Ha participado en recitales poéticos dentro y fuera de Venezuela.


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