Selección de poema de Mundia Magdaleno, poeta venezolana (heterónimo de Indira Carpio Olivo).

Selección de poema de Mundia Magdaleno


Selección de poema de Mundia Magdaleno, poeta venezolana (heterónimo de Indira Carpio Olivo).





Por Mundia Magdaleno


País

No puedo sostener mi nombre
convertido en bola de piel
En los codos le crece una paraulata
en la lengua un codo
Mi nombre en hueso
mi nombre sin cuerpo
En la noche lo hirieron
pero ha vuelto de la grieta
leche de la higuera sobre la sarna
a curarlo todo
savia blanca
derramada
Nunca debió parir
los hijos son como los buitres
se lo comen a una viva y muerta
Plumas no le crecen en la cabeza
un nombre
de plumas sin cabezas
Mi nombre no tiene país
porque mi país vive sin nombre
se lo robaron estos y aquellos a cambio de un voto
lo arrojaron al río
y no pude sostener mi nombre en la corriente
Una cascada es una herida
El agua que trae mi nombre
hace crecer las flechas
y en la punta de las flechas tu nombre
el silbido del pica hueso
Qué hacen los pájaros que no son nombrados
a qué hora se los traga la noche
A dónde van a parar los picos de los pájaros
cuando no cantan
el Ávila es el pico de qué pájaro
Hay pájaros que dicen mi nombre
después de muertos
y se les hace piedra el pico
No puedo sostener mi nombre
y en cambio el mirlo
hace volar una montaña
Las líneas de mi nombre, la raíz
se consuelan con la flor de mayo.

MANUAL


Tengo cuarenta años
la edad justa para darme cuenta de que
no es importante Dios
la física lo es más
porque la gravedad nos termina por sembrar,
que los hijos se van
mientras se contiene el bostezo
que perdiste la vida y se van,
que los mangos maduros atraen las moscas
y los verdes, manchan,
que no me doy cuenta todavía
por dónde se pone el Sol
ni si mi piel crece cuando llueve
o si abro los ojos al Oriente.
Tengo un poco más de la mitad de mi vida
y dicen que formo parte de la clase media
que estoy en medio, justo en el casi
y no llego a fin de mes
sardina por salmón
sonrisa a crédito.
Tengo la rabia contenida en las manos
las manos hinchadas
sin decir que no quería esto
porque no lo quiero.
Que afuera la pira agrieta el cemento
que quién soy yo para que no tarde en atravesarme a mí
que qué es mi sangre, sino la mutación de la hiedra.
Tengo cuarenta años
y ningún manual para aprender a morir.

GÜEVONADA


Decías que el amor se acaba. Y una ama también las criaturas que le nacen muertas. Decías que se acaba como se acaba el arroz, que termina por hacerse mierda. Yo tengo arroz, aun cuando a los demás le falta. Soy la semilla muerta, el huerto de tierra negra. Dime, cómo crecen las palabras sobre tu espalda. Pensaba en eso de que el amor se acaba mientras cocía el arroz, y que -según los cálculos- ningún arroz deja de multiplicarse, tampoco hay registro de algún arroz que haya amado. ¿Cómo se siembra el arroz? ¿Qué coño tiene que ver el arroz con tu güevonada?

NOCHE


Es alta la noche, el cielo de una niña a la que le revientan las tetas. La noche que la acuesta bocarriba es alta. Contiene lágrimas que los ciegos hacen estrellas. La noche me ha dicho que quiere morir. Tiene diez años. Se roba los secretos y se tuerce clineja entre las piernas de mi cocina. Busca en sus ojos la hoja de laurel, el punto exacto de miel. Pero su noche suicida le canta a la máscara, una luna oscura para una noche oscura. La distancia entre la mediasonrisa y el techo de su cielo son los brazos de una mandrágora. Yo no sé qué hacer con una noche que quiere morir, más que acompañarla a aullar, expandir las branquias, caer en la muerte suya y de nadie, la muerte muerta de una niña que quiere morir. No puedo estar en silencio. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que oré: la noche es la patria en la que no duermen los ángeles, la noche la rama de los árboles muertos, la noche, la cuna, el pecho roto de nada, de nadie. La noche niña.




Mundia Magdaleno (Caracas, 1976) 
Es heterónimo de Indira Carpio Olivo (Caracas, 1984), quien es egresada de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela, donde ha ejercido como docente. Ha sido presentadora, guionista y productora de programas de radio y televisión, así como columnista de diversos medios impresos y digitales. Es autora de la columna Poesía o nada. Por sus trabajos en medios digitales, obtuvo mención especial en el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2016. Fue reconocida también con el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2018, mención poesía, por el poemario Frutos extraños. Es autora de los libros Mujerícolas (Editorial El perro y la rana, 2017), Frutos extraños (Fundarte, 2019), Cartas de agua (Índigo editoras, 2020), Diario venusiano (Liberoamérica, 2020).

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