Una aproximación al trabajo de la artista visual Yuruhary Gallardo por parte del escritor Miguel Antonio Guevara.

Sobre “Cuando llueve” y “Homenaje a Marisol” de Yuruhary Gallardo




Una aproximación al trabajo de la artista visual Yuruhary Gallardo por parte del escritor Miguel Antonio Guevara.





Por Miguel Antonio Guevara


Yuruhary Gallardo (Venezuela, 1990), artista visual e investigadora de arte latinoamericano, nos presenta su nuevo trabajo. Tras la mancha fantasmal, del humo de lo informe, tenemos dos visiones que se cruzan: 1) su mirada de la naturaleza y lo no humano en “Cuando llueve” y 2) la idea del reposo, del no hacer en “Homenaje a Marisol”.



Me gusta creer que en ambos está en la misma línea visual de sus trabajos anteriores, en la que predominan los colores vivos junto con un mundo de lo informe y la posibilidad de la mancha, es decir, de imágenes inasibles, como del humo del sueño, que parecen sacadas de la misma naturaleza que representa, puesto que si algo tiene lo no humano es aquello que es difícil de definir, de aprehender, de fijar.

En el caso de la serie de pinturas tituladas “Cuando llueve” se trata de una mirada atenta hacia lo no humano y al mismo tiempo lo humano lidiando con aquello que está fuera de su comprensión, pero no en las preguntas abstractas de la filosofía o de otros momentos sesudos, sino en el instante de la salida de la enajenación individual, el observar una hormiga, una planta, una gallina, ese mundo tan complejo como libre de instituciones que está fuera de nuestras preocupaciones cotidianas y que nos supera en cualquier sentido.

Su lenguaje característico, digamos, pictórico, del uso de la forma, del uso del color, está allí, se sabe que es una de sus marcas, sin embargo, en esta oportunidad expresa otras dimensiones también inmateriales como en aquella mancha y posibilidad de sus anteriores trabajos espectrales, que no es que se hayan quedado en el pasado sino que se han transformado en otra cosa, en otras posibilidades y fugas.

Repito, se trata de salir de lo humano y ver cómo la otra vida, la redificada, la del rizoma, como un árbol y sus ramas y raíces, se muestra exuberante, pero también otras figuras que no son del orden del sueño sino más bien del orden de la memoria, ¿De qué se trata? ¿Serán familiares que ya no forman parte del mundo de los vivos? ¿Recuerdos? ¿Personajes del pueblo de la infancia?

Hay escenas y también personajes identificables, pero también permanecen aquellas cosas que no se precisan, no solo si son humanos o no humanos, sino sobre todo, otros celajes, otros fantasmas, esta vez, los de las emociones, del color, como huellas e impresiones, de ese retorno a un lugar de inocencia, o como dice la artista, esa necesidad de “aceptar nuestra fragilidad, porque la pintura es una cosa seria e inocente al mismo tiempo”.

Con respecto a “Homenaje a Marisol”, me parece que es un proyecto que está en un lugar existencial similar, es decir, no corresponde necesariamente a lo no humano pero sí busca un lugar ajeno a lo que entendemos por humano, ese asunto del trabajo y la actividad constante a la que hemos sometido la vida. La mujer que Yuruhary nos pinta, Marisol, está en una plena rebelión del no hacer, ella comparte con sus plantas, sus animales y su café. No hay presiones, no hay apuro, no es el sujeto que se molesta ante saberse presionado por el mundo, por el tiempo, por sí mismo. Es rebelde doble, tanto como persona negada a la actividad productiva, como también por ser una mujer que se niega al hacer, que es el imperativo doméstico patriarcal en torno al sujeto mujer. En este caso, esta mujer también tiene una estancia doble, la del no hacer y la de la mujer que está en su sueño o estancia vegetal rodeada de mangos y coronada por una estrella, símbolo también presente en su otro trabajo, el cual mencionaré líneas más adelante.



Estas imágenes me recuerdan a las odaliscas que tanto hemos visto en la historia de las imágenes, pero que en este caso es una que no está para el disfrute erótico de una mirada externa o masculina, sino una sujeta que solo está para el disfrute de sí misma, del no hacer. Si la anterior muestra de Yuruhary era sobre lo no humano, como ya he dicho, esto es el no hacer, que en la lógica del homo faber que nos atosiga es, repito, el gran acto de desobediencia ante este tiempo de hiperproductividad.

Mientras unos van acelerados al trabajo o hacen guerras, digamos, mientras están siendo bien productivos para las dimensiones humanas, Marisol no hace nada, que viene a ser el arquetipo de mujer estoica, que por cierto Yuruhary escoge inspirándose en su suegra al compartir con ella durante su estadía en Barinas mientras realizaba estudios de artes del fuego, en donde también fabricó erizos, hojas y otros asuntos no humanos de los cuales me gustaría hablar en un futuro; es en esa atmósfera en la que tuvo la oportunidad de conocer esa actitud llanera del no hacer ante el calor de la tarde. No queda más ante el ambiente hostil que esperar a que la temperatura baje y tras el reposo, volver a los asuntos de la actividad, sean estos domésticos o no. O por qué no, a otros modos de rebelión.

Me llama la atención que en ambas muestras la mayoría del trabajo se trata de piezas en gran formato, como el caso de la titulada “La estrella animalista”, que consta de una sola obra, que podría considerar como el eje sobre el cual gira la exposición “Cuando llueve”, de la cual el resto de piezas cuentan una historia, que podrían ser una por una suerte de fábula que se cuenta por separado, pero que también funcionan como unidad, como corpus, hablándonos de un diálogo con aquellas cosas fuera de la humanidad, no solo con la naturaleza como lugar común, sino aquello que está ahí y no necesariamente para nosotros, sino para cosas que no podríamos ni tampoco hace falta discernir en los límites de lo que hemos racionalizado como existencia.

Finalmente, creo que lo que considero más importante de la obra de Yuruhary, en comparación con otros de sus trabajos, es que la imagen informe y llena de color permanece, con símbolos, escenas que desde la simplicidad nos llevan a reflexiones poderosas, pero como he comentado, no se trata solo de problemas humanos, sino de otro orden, que ni siquiera se trata de rechazar o de poner en oposición las cosas humanas y no humanas, sino más bien de la integración de lo humano con aquello que se cree separado de sí, se trata de un tipo de integración en todos los reinos de lo dado, lo humano y lo animal, lo vegetal, lo mineral, pero sobre todo, el reino de la imaginación y los sueños, que desde luego no son patrimonio de ninguna entidad específica.

 




Miguel Antonio Guevara
(1986) Pensador y escritor venezolano. PhD Student en la University of Oregon, Sociólogo, Máster en Filosofía. Sus últimos libros: Los peces de pecera y su memoria corta (La Castalia 2023), It´s a Selfie World (Monte Ávila Editores Latinoamericana 2021, Nocaut 2022) y Los pájaros prisioneros solo comen alpiste (LP5 2020, Los venenos fieles 2021). Ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el VIII Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas.

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