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José Joaquín Burgos entre aromas de guarapo y olor a tierra mojada

Por Roger Herrera Rivas


Podríamos pensar los lectores de este texto, que cualquier deliberación sobre el origen del realismo mágico en el territorio nuestro americano podrían reducirse a los pueblos de Macondo y Comala celebrados por García Márquez y Juan Rulfo, nada más alejado de la ficción y aferradas a la naturalidad y sencillez del contar, puesto que en estos baldíos y terruños olvidadas de Dios, existen ciudadelas insospechadas; universos otros, donde el Dorado como utopía compleja se revierte en una suerte de paradoja, y si no es en esos términos- hemos de preguntarle a Teodoro de Bry y su adulterada visión gráfica o Sir Walter Raleigh ficcionando a Manoa-, sobre aquellos extraños habitantes que poblaron su imaginario y dieron pie a una extravagante teoría, sobre una ¿Desaparecida civilización americana? o quizás ¿el lugar de los antípodas?
Todo nuestro origen es sospechoso, -refiéreme a la América-, como sospechosa es toda duda sobre la realidad en la cual navegamos cotidianamente. Por ello es necesario destacar los fueros de un lugar, donde lo real maravilloso se hace ponderable en forma virtual u aleatoria. Lugar del cuento y el encuentro; zona del imaginario y donde volver a contar el “cacho” llanero es reinventar por enésima vez el cuento de nunca acabar, exagerar sobre lo acontecido, rehacer lo dicho, hacer romance un suceso, nombrar lo ya nombrado, siempre con nuevos matices donde la realidad mágica más que una ficción es una aventura hacia insólitos territorios, donde la palabra siempre nos dará nuevos hallazgos y aportará fecundos descubrimientos.
Esto en tanto a la geografía, pues en cuanto a la naturaleza de los seres que pueblan dichos lares, dan cuenta desde la picaresca urdida por El diablo cojuelo; El Güegüense, el Martín fierro, el papel de los compadritos en las ficciones borgianas o quizás Garimbombo el invisible en los textos de Manuel Scorza o Aquel Faustino Parra de Rafael Zárraga. La fábula va de la mano con todos los acontecimientos que envuelven la vida de estos seres, en ocasiones literarios y en otros casos ungidos de la más fastuosa realidad. Destaquemos también al rol jugado por los Cronistas de indias y sus visiones adulteradas o sinceras. Ordenamiento de la realidad que de igual modo confunden realidad y ficción. Todas estas nociones se hacen una, en el legado literario de nuestro José Joaquín Burgos –estratega de la letra- cumple con su plan maestro de insertarnos en sus breves historias y honrar desde la sencillez y la sinceridad de su verdad, un legado inequívoco en nuestra literatura nacional.
Desde éste topos y esta letra se funda, primero desde la voz; ilación del discurso oral entretejido en las finas tramas y sub-tramas del vértigo guanareño; capas del recuerdo y del olvido; territorios del silencio. Espirales que al ahondar en los decires, son conversos en trama dialógica, cargadas de sentido y subyacen desde la letra en florecientes ecos y susurros que cargan la vida de memorias, mutismos, soliloquios, añoranzas, balbuceos, pálpitos y gritos.
Memorias, palabras y olvidos re-insertadas en el habla cotidiana, en los decires matutinos en invadidos olfatos donde los aromas del guarapo y olor a tierra mojada irrumpen en la alacena de las evocaciones en el duro patio florecido por un mango de colores tímbricos y voluptuosos manjares, nos retrotraen a historias de vida plenas de luz y mística religiosidad.
¡Qué decir de la cúpula de la catedral sobrevolada por la Coromoto! o el relato seductor de La Serenata de los ángeles o bien sobre un arcángel solitario que tocaba la trompeta- Ovillo memorioso que desata y desenreda el poeta Burgos-, cuando nos refiere:
La que viene a cuento ahora es la que le escuché una vez a Pedro Miguel Fajardo, aquel príncipe de la música que nació, vivió y se eternizó en Guanare con la magia de su violín. (…)
“¿Ustedes no saben -rompió de zopetón- que aquí en Guanare los ángeles vienen siempre y cantan y tocan?”
Blas Giménez sonrió indulgentemente. Pero Pedro Miguel no se inmutó. Se había dirigido a mí y siguió mirándome fijamente.
“¿Usted qué dice, qué opina? ¿No los ha escuchado nunca?”
“Jamás, Pedro Miguel… pero si usted lo asegura…”
“Escuche… -y siguió balando como si ya no le importara nuestra presencia- yo sí los he oído. Y no una, sino muchas veces. Lo que pasa es que hay que tener corazón y sentimiento para poderlo vivir…” (Burgos;1998.,p,40) 
Este primer instante de la palabra, inaugura en José Joaquín Burgos una serie anunciaciones y bautismos donde una galería de Santos y santones irrumpen en su escritura para hacerse un lugar en Guanaguanare o Guanare, espacio privilegiado del tesoro espiritual de Venezuela.

El Pozo del Arcoíris Una Literatura del Lugar

EL POZO DEL ARCOIRIS

Guanare siempre ha sido un pueblo de magia, pero cuando yo era niño lo parecía más. Por la mañanita, al llegar el sol por el paso del río Mederos, uno se asomaba por la rendija o por un postigo de la ventana y veía las calles llenitas todavía de duendes saltarines y de princesas con esos ojos bellísimos, como las aguas profundas el pozo de “Las Cojobas”. Y escuchaba la música que tocaban los ángeles para que la Coromoto llegara tempranito a .la misa y para que cada quien se tomara su pocillo de café en un ambiente aromado de puro cariño….Y sucedió que llegó una señora muy bonita, igualita a la que se le apareció al indio Coromoto, y nos preguntó que si queríamos ir a su ranchito a comer dulce de leche y de topocho. Y nos fuimos con ella. (…)
Cuando llegamos a su ranchito vimos que en el patio había un jagüey y que de ahí salían hilos de todos los colores, y de cada hilo salía un papagayo igualito a los que nos había enseñado a jugar el abuelo Papa Min. Entonces nos pusimos a jugar con los hilos y en eso, sin darnos cuenta, llegamos a un pozo bien profundo y la señora nos dijo que ahí sí ajilaba, y entonces Mimillo agarró un granito de maíz así de chiquito y zumbó el anzuelo, y el agua, con la brisa que la peinaba, empezó a reflejar azules y morados y verdes y amarillos y rojos violetas, y la señora nos dijo que ése era el pozo del arcoíris,(…)
(Ibíd; Pp, 13, 14, 15)

Espacio poético, donde Pedro Miguel Fajardo es un lugareño que habla con los ángeles, facultad unívoca en san Francisco de Asís y algunos santurrones de oficio. Igual da a nuestro parecer, - si tales estructuras mentales humanas- leían las piedras o las vísceras de un lechuzo, de nigromantes, videntes y rapsodas está nutrida nuestra historia. Sólo arrimarse al romancero significaría exaltar el papel de quienes narraron en brillantes endecasílabos, en breves cantos aborígenes o bien en nuestras humildes coplas nuestros aconteceres, tanto en el viejo continente europeo como en nuestra América morena. Todo ello, por informar a la población de aquellos sucesos únicos y a su vez, las situaciones fuera de lugar que hubieren tenido resonancia.
El Pozo del Arcoíris es la carta de identidad de una literatura “Otra”, la cual forjada en nuestros valores y costumbres, propone sembrar nuestro ideario en el fértil terreno de la prosa en conjunción con la poesía, promoviendo y cultivando nuestro acervo. Vinculándonos con el vecino, el hermano en pro de una literatura sin ambages, que no se valga de simulaciones ni apariencias para operar en el concierto de las lenguas en el orbe, sino qué siendo sincera eleve nuestro espíritu y nos muestre diáfanos en medio de nuestras complejidades y aciertos. Bañados por esa magia única de un invencionero donde cada personaje hilvane un tejido distinto en el contrapunto del relato.
Por ello, toda valoración que se haga de estos relatos, tendrán que tomar en cuenta no sólo a Maurice Maeterlinck ( 1862-1949) cuya ponderación a las hormigas y las abejas, aún hoy reconocemos. O/a nuestro Gavidia o quizás a un Aquiles Nazoa (1929-1976) y sus deliberaciones sobre las cosas más sencillas, y así lo hace saber Pepo Burgos (Guanare, 1933- Valencia, 2017) en el siguiente párrafo:

GAVIDIA

Rafael Roberto Gavidia, más que en sus expedientes, sus textos de derecho y los antiguos infolios que atesoraba como joyas, solía leer en las cosas más sencillas y aprender de ellas lo que fue la filosofía de su vida. Conocía, más que el propio Mauricio Maeterlinck, la vida de las hormigas y de las abejas y entendía su lenguaje, sí como el de los pájaros, los gatos y los perros. Entendía los jeroglíficos fugaces del relámpago. Adivinaba los pasos de la lluvia y hasta padecía, con asombrosa precisión, los temblores de tierra, con solamente escuchar el monocorde, ululante estridular de las cigarras en algún atardecer que para él tenía signos especiales.
(Ibídem, p,77)

Saberes, Sabores e Identidad

Riqueza de saberes, estalla por doquier en esta literatura fundada en el lugar, en el “aquí me quedo” de su fundador; en la alusión casi familiar de la Virgen de Coromoto y sus particulares feligreses; o al abrir el apetito al probar los pan de hornos y las arepas calientes y tomar un trago de guarapo o bien los guisos de un coporo, los curitos,los Tumames, las cabezonas, la dicha del paladar de Papa Dios que cuentan que en una ocasión “…vino a Guanare y pasó unos días muy felices, bebiendo mazamorra y comiendo picadillo y hallacas. Y cuando llegó al cielo se puso a ponderar como había gozado”. (Obra,cit;1998.,p.17) Nos referimos a El “MATAFLAIRE” DE SAN ISIDRO de Burgos, La obra de nuestro autor abre ventanas a la sabiduría popular y destaca quehaceres de la vida diaria con un manto mágico que nos maravilla. He aquí una breve muestra:




POLONIA

En esos tiempos todo el mundo andaba con dolor de muelas y la más de las veces con un corrimiento que parecía una mascada de tabaco. Los mayores lo mandaban a uno a ponerse una pella de chimó en la pieza cariad .Esto producía alivio y hacía que el cachete se reventara y saliera la pus. Pero de todos modos era interminable la cantidad de cachetes inflamados, no ve que el agua era muy débil y el aseo bucal muy poco practicado. Uno veía, sobre todo a los campesinos, con una escobita de jengibre que no abandonaban y que usaban para frotarse las encías y los dientes. De resto, enjuague con agua y bicarbonato y algunos-muy pocos-su cepillada diaria con leche de magnesia…y hasta con crema dental, cuando se conseguía. Pero el mal estaba sobre todo en el agua, como decía el doctor Carlitos Rodríguez Ortíz, un farmaceuta que por necesidad del pueblo ejercía también como dentista y como médico general. (Ibíd; p, 25)
Poética propiciada por su toponimia, celebrada en cada párrafo en sus crónicas, poemas y relatos. Guanare es una fiesta, una bendición a la amistad, a los lugareños, a las costumbres y modos de vida de un territorio apacible, lleno de anhelos y de fe. Dejos de historia local proclives a la crónica, versos y relatos afluentes del río lenguaje. Saberes y sabores acuñados en, una misma esencia, la guareñidad. Quisiera destacar desde la topía su reminiscencia poética y su alusión al lugar, haciendo énfasis en la nombradía de estos territorios,-filigrana clave en su obra-. A saber: Maceo, Papelón, La Aduana, La Florida, Pozo de los Samanes, río Guanare; el cerro de El Calvario y de Curazao, he aquí la fabulada realidad de estos predios.

Guanare Piedraluz

Salterío de rica espiritualidad, nombres y lugares, palabras hechas de sonoridad y dulzura, palabras que son “un saldo del corazón”.

PIEDRALUZ

A Inés Mercedes Gómez Álvarez 

Piedra sobre sueño.
Sueño sobre piedra.
Pena sobre rezo.
Rezo sobre pena.
Así te edificaron.

Piedra.
Guanare piedra.

Hasta que de la entraña
te brota Dios
y entonces,
Guanare Piedraluz
eres piedra que sueña.
O sueño ya sin piedra.
(Burgos;1994.,p,13)

Casa, aposento, alma, sueño. Sueño del lugar edificado a través del ungüento de la palabra del barro de la lengua, aunado al agua bendita de lo espiritual. Casa sagrada desde donde brota Dios. Piedra, templo, altar. Lugar de comunión de almas, aposento de la feligresía y de la filiación emanada de lo religante. Coro angelical y campanada de la Anunciación. Nobleza del espíritu. Piedralumbre. Paradigma del amor, terruño, barro, Piedraluz. Guanare.
Nombradía y fulgor de territorios u estancias como Mederos o Cavadas, o al pronunciar el patio en Solar, nos invita a lo inasible en imágenes hondas donde el canto se hace metáfora, a saber:

Solar
Clarín en la alta noche
Ese gallo
Vino
Escondido en el tiempo.
(…)
El canto de ese gallo
Es un relámpago despellejando sueños.
(Ibíd; p, 17)

También hay desdicha y dolor en el acto celebratorio de este bardo y lo corrobora en Solitud.

SOLITUD

El ánima bebe agua
para las soledades
a que fue desterrada,

para la sed de velas y de rezos
sembrada en su olvido.
(P, 33)

A Manera de Colofón

América es un deslumbramiento, como lo es la obra de Joaquín Burgos el pespunte en las palabras del poeta y narrador, nos dan una visión religiosa de un lugar-donde por gracia divina- camina la Coromoto entre sus gentes, comparte con ellos-;mientras los ángeles sobrevuelan los campanarios y los santos pescan en cualquier caño del río Portuguesa. ¿Relación edénica medieval? ¿Visión mágica de una realidad avistada por Colón y descrita como el Paraiso terrenal? En esta suerte de maravilla, nos sigue alimentando el pan sagrado de las palabras de Burgos, conminándonos a saborear un pescado de río y probar un sorbo de café.
Hace unos cuantos años, cuando aún no conocía al maestro Burgos, tuve una magnífica impresión de él, al leer tres poemas que fueron publicados en la Revista Tiriguá. Dos de ellos, eran profundamente religiosos, me refiero a Refugi Pecatorum y Mendigo, el otro exhalaba la manera de ser y sentir del guanareño, desde la arepa, que todavía en esa etapa del país, era considerado el pan de los pobres. Quisiera aludir algunas líneas de estos versos y cerrar con la voz de Burgos, para despedirme de este breve y humilde itinerario de su vida y su escritura:
El primero de sus textos, inicia inquiriendo al prójimo lector:

¿Quién puede lanzar la primera piedra?

¿Quién puede
Mirar la vida con la frente en alto
Sin recordar algún oscuro instante,
Alguna hora menguada?
¿Quién puede
Sentirse limpio de blasfemias?
¿Quién
Honró luz y sangre
Y amor puro?...
¿Quién no empeñó sus ojos?
Aquí concluye y pasamos a Mendigo, su segundo texto:
Agua te pido

solamente.

Agua
para lavar mi soledad.
para mirarte
en la serena claridad
de los jagüeyes
donde mojas tus manos.

Agua
para saber cómo es tu corazón
cuando escuchas
la súplica de un niño.
un rezo al pie del árbol.
¿Podrían
las manos de la Virgen
regresarte
la ingravidez del vuelo?
(P, 25)


BUDARE

En Guanare
la arepa es una ostia
consagrada
por las manos benditas
de la Virgen.

Pan ázimo
de sangre y de maíz
y de sudor templado
con siglos
 y con lágrimas

La arepa
es una hostia
coromotana.

Al alba
comienza la molienda,
el amasijo
suavizado con agua

oloroso
a mastranto y a rezo,

a flor de limonero,
a súplica,
a soledad vestida de violines.

La arepa es una hostia
que en el budare
quema
hacia adentro del alma.
(Burgos;1995.,Pp25, 24)

Estado de gracia, la palabra iluminada en estos textos donde la oblación de la imagen se revierte desde el espejo para indicarnos el camino abrupto de la fe, la serenidad del que busca, el dolor de todo aquél que encuentra. Placidez del creyente al encontrarse prodigado por una letra cuya luz no es dada por la razón. Palabra metafísica, probabilidad de otra naturaleza. Utopía de celebrar el encuentro entre el hombre y el lugar, zona del estar, espacio el decir, instancia para el sueño y la elaboración de la feligresía de una posibilidad de Ser con el otro.

DESPEDIDA

"estrictamente guanareño"

Por eso es, que provoca ser poeta para cantar estas cosas para conversar con las sombras de los abuelos… Para estrechar las manos milagrosas del doctor Miguel Oráa. Para sentir, en su presencia, los latidos del corazón de Monseñor Vicente de Unda para escuchar la voz de Bolívar debajo de los samanes de El Pionío. Y hasta ver, por la mañanita, como la Virgen de Coromoto sale de la iglesia y se va por las calles a repartir sus bondades y su ternura.
Por eso es, que provoca ser poeta. Por eso es que yo quiero serlo. Porque Guanare, para mí, es la poesía. (Burgos;1994.,p,14)

Guanare, agosto de 2017

Citas Bibliográficas

1) Burgos, José Joaquín. El Pozo del Arcoíris. Biblioteca de  Temas y Autores Portugueseños. Segunda Etapa Nº 6, Ediciones de la Gobernación del Estado Portuguesa y de la Fundación Cultural UNELLEZ.Guanare, Venezuela, p, 40
2) (Ibíd.,Pp, 13,14,15  )
3) (Ibídem.,p,77)
4) (Obra, cit., p,17)
5) (Ibíd;p,25)
6) Burgos, José Joaquín. Guanare Piedraluz. Nº2. Biblioteca de Temas y Autores Portugueseños. Ediciones Centauro,Guanare,p,13
7) (Ibíd;p,17)
8) (Ibídem; p,33)
9) (Obra,cit;p,25)
10) Burgos,José Joaquín.Citado en la Revista Tiriguá, Año 3,Nº 7.1995 Instituto de Cultura del Estado Cojedes. Fondo Editorial Tiriguá, Pp, 25 y 24
11)  Burgos, José Joaquín. Citado en la Revista Zazaribacoa, Año 1 Nº 1. diciembre de 1994.  Dirección de Cultura del Estado Portuguesa, Guanare,p, 14

Bibliografía Consultada


  • BURGOS, José Joaquín. EL POZO DEL ARCOIRIS. Biblioteca de Temas y Autores Portugueseños. Segunda Etapa, Nº 6. Ediciones de la Gobernación del Estado y de la Fundación Cultural UNELLEZ. Guanare, Venezuela, 1998.
  • BURGOS, José Joaquín. Guanare Piedraluz. Biblioteca de Temas y Autores Portugueseños. Nº 2. Ediciones CENTAURO,Guanare,1994.
  • BURGOS, José Joaquín, Citado en la Revista Tiriguá, Año 3, Nº 7, Instituto de Cultura del Estado Cojedes ICEC, Fondo Editorial Tiriguá, San Carlos, 1995
  • BURGOS, José Joaquín. Citado en la Revista Zazaribacoa, Año 1, Nº 1. Dirección de Cultura del Estado Portuguesa, Guanare, 1994. 

Roger Herrera RivasPoeta venezolano (Caracas, 1962). Es licenciado en teatro por el Instituto Universitario de Teatro. Ha publicado el estudio monográfico Apuntes sobre el teatro y su doble (2001) y los poemarios Fragmentos (1987), La crin de Dios (1996), Desadaptados (2000), Elegías de Wölfing y Los balandros son dioses (2005).


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