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Un tragaluz para ti



Llevo días pensando como contarles acerca de mis tragaluces. No tenía muy claro por dónde comenzar. Me detuve a observar que en este lugar donde vivo de 75 metros cuadrados hay cinco ventanas. Una ventana por cada espacio que lo compone, sin contar aquellas que puedo imaginar.
Durante un tiempo un querido amigo se dedicó a fotografiar ventanas, compartía conmigo las imágenes, las fotografiaba justo al momento de despertar, y así empezó esta especie de fascinación que antes no tenía espacio en mí.  A veces solo hace falta que alguien se detenga a contemplar la belleza de algo y la comparta para que también se haga nuestra. Hay tanto de remedio en un tragaluz. Hay tanto de bálsamo. Tanto de esperanza. Yo le diría el poeta Manuel Bandeira cuando nos dice “Para olvidar el dolor de aquello” …un tragaluz.
Cada quien tiene sus tragaluces, pero a veces los damos por olvidados. Lo mejor del caso es que en ocasiones hasta podemos viajar con ellos. Un libro. El recuerdo de un abrazo. Un beso furtivo. El verso de un poema. La tarde que mi hija vino al mundo. Una danza en particular. Mi familia entera sentada a la mesa. La mirada de mi pequeña antes de dormir.

El día que me gradué. La siesta  que tomé junto al hombre que amaba. La mañana que un pájaro cantó en mi ventana. El día que una semilla de alpiste brotó en mi lavamanos. Aunque cada quien tiene sus tragaluces estos pueden ser de carácter transferible. 
Los tragaluces no saben abandonar, carecen de un tiempo específico, pueden ubicarse en el pasado, el presente o el futuro, eso dependerá de la razón del tragaluz. Rememorar. Contemplar. Avanzar. Brotar. También podríamos pensar en el tragaluz como una “luz del cuerpo”,  recurro nuevamente a Bandeira uno de mis tragaluces favoritos. Una luz que vive en él, que consigue manifestarse de diferentes formas, con un propósito determinado. Aunque a veces su origen puede encontrarse fuera del cuerpo, una vez que se vive o se reconoce el tragaluz, este comienza a habitar en usted.
Será difícil llegar a una concepción única del tragaluz, así como de sus manifestaciones. Por ejemplo, mis manos ahora encendidas, convertidas en tragaluces mientras escribo para ustedes. 
Ojala siempre tengamos la fiebre del amor y la fiebre del tragaluz, son de las mejores fiebres que he vivido.


Hilse León

(Caracas) Maestra, bailarina, coreógrafa y directora junto a Rafael Nieves de Caracas Rojas laboratorio.Estudió en la academia Macrodanza, en la escuela del Taller de Danza Caracas y en Danzahoy, y forma parte de la agrupación Caracas Roja Laboratorio, que dirige su esposo, Rafael Nieves. Hilse es profesora de primero y quinto año de Técnicas de Danza Contemporánea en Unearte.
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