Entrevista a la poeta Gabriela Rosas, por José Miguel Navas.

Agosto Interminable de Gabriela Rosas, el eterno viaje hacia la juventud; el hallazgo de Dios en el rostro amado


Entrevista a la poeta Gabriela Rosas, por José Miguel Navas.




«El abandono y el sufrimiento tienen que ser una fiesta y el adiós a todo lo que hemos perdido, roto y usado se tiene que ennoblecer con la ceremonia» 
Marker C.

Por José Miguel Navas

Hölderlin el eterno viajante, el incesante seductor de los espacios, dice en su poema El consenso público «¿No es más bella la vida de mi corazón desde que amo?» es la idea que tengo sobre el libro Agosto Interminable de Gabriela Rosas, la vida se hace bella cuando el corazón acepta  el enigma más hermoso de la manifestación humana: el amor como totalidad,  es el llamado de la juventud eterna, o el inicio al viaje hacia ella. El amor y su euforia, acompañado de la inocencia y ternura, del afán por reconocer nuestra mirada en el otro, es precisamente en la juventud donde los amantes, pueden amarse con la mayor libertad lejos de las leyes de los hombres. El amor a veces llega con el devenir, pero queda esa llama, esa incesante fórmula que nos regresa a nuestro inicio, o como dice la poeta Lucila Velásquez  «el agua ha de quedarse en la memoria/ha de seguir a pie bajo las olas/»  es el viaje que inicia Gabriela hacia su pasión, hacia su devoción por el prójimo, ella en oración celebra al Dios del amor, al otro, y a ella misma, encendida del amarillo, vive lo que ella pronuncia: «Te reconozco aunque haya oscuridad y frío/ tú, enciendes luces para que yo pase/»  En el instante de la premura, del temblor, Gabriela escucha el llamado. 
     Agosto Interminable es un viaje hacia su ciudad, a su familia, a los espacios que definieron su juventud y su poesía, regresa ella misma, aprende a fluir como agua de río que busca mar abierto y dice «lo bello de ti/lo desconoces por voluntad propia», el amor que vive Gabriela en su libro, va acompañándose por los rincones de Caracas, de los matices de una ciudad que no es ajena al frío y al calor, una ciudad que define la naturaleza sobre sí misma, un día Caracas te despierta gris, otro un sol incesante te apresura a salir a la calle, viene a mi mente los poemas del libro Caracas Mortal de Claudia Noguera  Penso y cito alguno «Caracas nunca pierde, no deja de latir», y es lo que hace Gabriela por las tardes de Agosto «te espero a una cuadra del metro», el viaje que inicio ella, no radica en irse hacia otra geografía, ella comienza un viaje hacia sí misma, en su espacio vital. 

Tomada de librosypoemas-desde-el-sur.blogspot.com

      El afán de Gabriela Rosas en Agosto Interminable viene de la antigüedad, no es distinta a la pasión de Agar por Abraham, ella representa al arquetipo contemporáneo de la mujer que ama, pero que, domina su contexto así lo dice ella «Afuera llovía/y trenzaba mis manos/por si acaso el viento las pulveriza», amar con la vitalidad de la juventud, es siempre estar en riesgo, es tambalearse sobre una mesa,  dice el poeta Antonio Trujillo «toda mesa se tambalea» es volverse equilibrista en medio de la nada, y es de valientes entregarse y amar como bien lo dice Gabriela «Me avergüenza el amor/que no se entrega todo».
      Agosto Interminable de Gabriela Rosas tiene un gran logro, es un poemario atemporal, pudiendo ser escrito en los tiempos de Eva y Adán, o en pleno remamiento, ser leído en cartas, en telegramas, en llamadas vía teléfonos fijos de esos de Cantv, o los tarjeteros de monedas,  ser leído desde un mensaje de texto vía un Nokia en los años noventas, o vía correo electrónico, cara a cara, y en los próximos años el destino le otorgará nuevas formas, «los ojos de un hombre/ hay que atravesarlos para siempre/con o sin poesía». Agosto Interminable es el libro de la juventud eterna.
    Días atrás hablaba por llamada con un amigo psicólogo de España, nuestra conversación se estableció sobre el significado que tiene el verano para los países europeos, haciendo énfasis en España e Italiana, luego leí en Facebook que existe un género literario llamado literatura de verano, en la música y el cine pasa lo mismo, ese símbolo de ida, de viaje, de buscar un algo en el espacio geográfico y espiritual, fue sin duda una de las variables que existen en Agosto Interminable de Gabriela Rosas, el verano como oportunidad de encuentro, de salvación pero al mismo tiempo de perdida. Me parece interesante, la diferencia que existe en las percepciones de los caribeños del mes de Agosto a la de los europeos, para ellos el verano es un arrojo a la melancolía, buscan un amante, bien sea persona, objeto y situación, acá en estos versos la poeta lo aclara  «En este agosto/mi madre teje nuevamente mis sueños/con afán/para no demorarse» .
       A medida que avanzo por mi lectura del poemario de Gabriela, hago un viaje espectral, místico y depurador. 
      Quiero mencionar a otro viaje del verano, es de lo que trata la película italiana «Lazzaro feliz», de la directora Alice Rohrwacher,  narra la historia de un humilde campesino que vive anclado en un pueblo que jamás cambio, un verano junto a un amigo, emprende un viaje hacia la modernidad, que gracias a su ternura, y gentileza, lo hacen descubrir la dureza humana, el devenir y lo más importante el encuentro con su persona, y entender que, luego del verano, se regresa a un estado natural de continuidad, es decir, la vida que no cesa, pero que debemos transformar en felicidad para hacernos fuertes. O por lo menos en equilibrio.  El director francés Chris Marker hace la misma hazaña cinematográfica con su película «Sin sol» de 1983, amparado en la cultura oriental y la narrativa  documental, cuenta el viaje más importante en la vida humana, el que inicia en uno, y en el espacio geográfico nuestro. Sin duda Gabriela Rosas nos da esto y se da en ella un crecimiento en su lenguaje poético, donde la verdad y el desgarramiento son fundamentales en su modo de trabajar su poesía. Libro para renacer, libro para recuperar el aliento de la juventud, libro para reconocer a Dios en las largas noches de verano. Y así esperar un final feliz que nos haga volver dulcemente a la realidad.
«Agosto finalmente acabó/las mariposas/hacen estómago en mi boca»



Gabriela Rosas
Es poeta y ha publicado los poemarios La mudanza (1999) y Agosto Interminable (2008) en Editorial Eclepsidra; Blandos (2013) en Editorial El Pez Soluble, y Quebrantos (2015) en Ediciones del Movimiento. Ganadora del Primer Premio Nacional de Poesía para Jóvenes Juan Antonio Pérez Bonalde (1995) y del Primer Premio de la Bienal Nacional de Literatura Lydda Franco Farías (2014) mención poesía, ha sido incluida en antologías en Venezuela y otros países, así como traducida al francés, italiano, griego, inglés, catalán, alemán y portugués. Colabora con medios impresos y digitales de Venezuela y otros países. Desde el año 2015 lleva adelante el programa Poesía en el aula, iniciativa sin fines de lucro que busca promover la lectura de poesía en las aulas venezolanas desde temprana edad como eje transformador en la educación. Es editora del Stand Up Poetry del portal Inspirulina y de la sección de Joven Poesía de Venezuela de Letralia.

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