Una colección de poemas inéditos de Cristina Gálvez Martos, en los que entre flores y su totémico fauna nos va tramando imágenes y un sa...

Cristina Gálvez Martos: Poemas del libro inédito Hermana amarga.

Una colección de poemas inéditos de Cristina Gálvez Martos, en los que entre flores y su totémico fauna nos va tramando imágenes y un saludo a lo profundo.




No puedes encender fuego sin una chispa.
Bruce Springsteen.

Por Cristina Gálvez Martos


Cordón rojo


1.

Me caí del árbol de la infancia
no sé quién soy
ni cómo se llama mi casa.
Algo en mal estado me hace llorar el pecho.
Mi padre era un dios cólumne
y se ha ido. 
Mi madre es una laguna
de ahí proviene mi llanto.

2.

He crecido
tengo el rostro maduro
soy una flor negra,
la luna resplandece en mi garganta. 
Una mujer pantano.

3.

Quiero encontrarte, diosa
afuera entre los árboles
no aquí sentada 
sobre los muslos blancos
sin mover los ojos. 

Tres manzanas rojas
compré hoy en el mercado
tres parcas susurran
surge límpido el hilo de la individuación.

Aún no sé si quiero de la sangre,
si quiero ser partícipe del dolor.

4.

Haré un camino de sal
para poder internarme. 
La ciénaga absorbe
se sale sucia y arañada,
el lugar de retorno
nunca es el mismo. 

Me salvarán los cristales de la Virgen
debo ir donde su hermana amarga
para que me instruya. 
Cada paso es un ejercicio de memoria
de cada pesadilla
se vuelve iniciada. 
 

Foto de familia

Los huesos son columnas calcáreas
portales giratorios. 
Las hermanas
sentadas contiguamente en el sillón
con vestidos de encaje claro
sobre las pieles de negra madreperla
no miran al lente,
se miran entre sí;
años después dieron a luz
entre túneles de sangre,
criaron a los hijos como robles
guardaron heridas rubíes 
en viejas latas de galletas.
— La sopa humeaba alta
la masa cedía noble
blancas flores carnales se abrieron sobre las bocas.
Y aunque hubo dolor, hubo vida-.
 
La familia es un racimo de frutas profundas,
una casa con habitaciones hasta el fondo
un pasillo de ida y de regreso
por donde no dejamos de pasar.

Perséfone

Vestidas de ángeles y tomadas de las manos
flotábamos, describiendo figuras con los cuerpos flexibles:
círculos lunares 
alegres cabriolas 
sobre los tejados rojos.
Yo era la parte viva de la mariposa
tú, la parte muerta. 
Era una danza blanca
de amantes avecillas siamesas. 

Adormidera 

Yo puse esa canción violeta en tu cuerpo
a través de la finísima aguja,
viajó por vasos subcutáneos
murmuró por tus venas
llegó hasta tu lengua el habla de las estrellas.
Baltazar, María, Rafael, Antonio 
todos tus hermanos fallecidos
surcaban como caballos voladores
entre fotografías blanco y negro
por el big bang de la guerra.
Paca abría una fuente traslúcida 
y te daba de beber
mientras la morfina te iba llenando
más y más las cuencas de los ojos
de jazmines profundos y otras flores muertas. 
Yo puse esa neblina ese callado camposanto
y entre los pliegues de tu olvido 
para cuando te fueras
escondí varios besos. 


Cal

Por estos días hay un leve olor a flores
hay un silencio de ti que no entendemos
cierta neblina se metió en las paredes

creciste como abril en esta casa
donde diablos profundos anuncian la primavera

soy      yo misma,     habitación 
en que palidece la tarde
camino como si alguien durmiera, estoy cansada
una música acaricia la hierba

te dejamos allí con tres coronas
tiesita como la cal y peinada
no recordé ponerte los zarcillos
en vano saqué tus polvos, tu perfume.

Spark

No puedes encender fuego sin una chispa.
Bruce Springsteen.

Deambulo buscando cosas
miro por los orificios de los palillos del tendedero
observo un nido caído
su delicada composición
     un nido es un sinfín de sutilezas
     significados abandonados de sí mismos.
Hago una ranura con mis manos
se llena de noche
y con dos estrellas me sumerjo.
Ordeno las semillas
apenas suficientes 
para engendrar un oráculo
 -aún secretamente
    son árboles-. 
El afán de los pinos por elevarse
su rectitud, la convicción innata 
de su ánimo
llegarán a este fondo.
Un árbol es lo más grande que existe. 

Orcas


Dos orcas circulan lentamente en el abismo:
Mi Abuela, profeta de tormentas, desde su altura las alimenta con grandes pollos.
El abismo está en el centro de ese edificio antiguo donde vivía mi abuela,
el abismo está en el centro de mí 
el centro del edificio es mi centro oceánico
el universo es negro, teñido de betún espeso, interminable.
Pero hay cielo estrellado y las ballenas resplandecen
y aunque hacen silencio y son sombrías, también cantan:
cascada de rocas celestes
derramada en el fondo de un tanque.
En el fondo negrísimo de mi abismo
mi abuela da vida y alimenta a las ballenas.





Cristina Gálvez Martos (Caracas, Venezuela, 1987)
Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. En 2013 ganó el Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores en la categoría de poesía con su obra Psicopompa. Su poemario Bicorne obtuvo una mención en el VI Concurso Nacional de Poesía. Se ha desempañado como tallerista de escritura creativa, apreciación poética y redacción. Ha participado en diversas antologías poéticas, editadas en Reino Unido, Puerto Rico, Italia, Argentina y Venezuela. 
Residió por más de cuatro años en Uruguay, donde realizó un diplomado en Gestión Cultural en Fundación Itaú, Montevideo. Obtuvo el segundo lugar en el Concurso de Narrativa de la Asociación Uruguaya de Escritores, con su cuento “El niño del agua”; así como el primer lugar en el premio de poesía Saúl Ibargoyen, organizado por Casa de los Escritores del Uruguay.
Actualmente se desempeña como docente, redactora y traductora y cursa la Maestría en Inglés como Lengua Extranjera de la UCV.


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