Una selección de poemas del escritor Falconiano Otón Chirino. Por Angélica Guevara

Poemas para el jardín de Otón Chirino



Una selección de poemas del escritor Falconiano Otón Chirino.

Por Angélica Guevara


Agua


Agua para la paz o la tormenta
para el susurro en caracol dormida
o el rugido nocturno entre las peñas.

Agua  para los lirios y los náufragos
agua para el fulgor de los racimos
y para el turbión
ennegrecido de presagios.

Agua para el silencio del remanso
y para el bramido de la creciente
para el vino y la hiel
para el festín y el Gólgota.

Agua que cuando reposa
hacia dentro camina.
Agua altiva y contrita
dame en tu mansedumbre
el abismo estremecido de los astros.


Del poemario  “Fuego que salva




Juntemos las manos, silenciosos


Este monstruo insomne que llaman el mar
arrojó las piedras
blancas y redondas
con que en esta tarde jugaron tus pies.
vienen de las entrañas del Himalaya,
antes fueron arenas
de un desierto sumergido,
otra vez estuvieron
en las lavas ardientes de un volcán
cuyo nombre ya no se recuerda,
vienen de todos los lugares,
desde lejanos siglos
y ahora se rinden complacidas
a la caricia de tus plantas.

¿Hacia dónde habrán de ir?
¿En el fondo de qué pielagos desconocidos
se gestará la rabia del huracán
que habrá de hacerlas polvo?
Pero antes unos niños remotos
muy lejos de este mar
se miraran en ellas
a través de los ojos
de un muñeco japonés
y entonces
de todo este gigante
que hoy alza sus crestas iracundas
quedará solamente
un poco de silencio
abandonado.
¿I es que acaso nosotros mismos
no somos una espuma,
un tránsito
vaciado de los moldes 
de la alegría y el dolor?

¿En qué canción ignota 
se escuchará tu voz
y hacia cuáles olvidos,
hacia cuales tinieblas
viajarán  como incognitos
tus sueños y mi amor?

por eso en este instante
te pido que juntemos las manos, silenciosos,
frente a este monstruo insomne que
[llaman el mar.

Del poemario  “Fuego que salva








Luz para mañana


Carne de manzana con olor de tu nombre.
Mis manos tocan rosas sobre tu piel,
tu piel que me donaste
con efusión risueña.

La caricia encendida se derrama en  tu cuerpo.
tiemblas, gimes, musitas a mi oído
supremas dádivas tersas.
Soy dueño de un portento.
en este instante siento
la plenitud de la vida
y de la muerte.

los mimos te embellecen.
como un efluvio mágico a tu rostro se asoman
las auras del deleite.
Copas de vino  tibio
para mi sed.
Fragancia que me invita, resplandor que me abraza.

Hay dos leños que arden 
alumbrando el futuro.

Del poemario  “Fuego que salva








Estampa


Un rumor.
Una luz.
Un perfume.
Está desnuda.

Mana una claridad
de los muslos pálidos,
un aire  de música de sordina
y un olor
de calentura vegetal,
de rosas resucitadas.
Está desnuda.

Apoteosis del vientre claro,
del pezón promisorio,
de la falsa costilla,
del césped breve
de las axilas.

Puñado de pétalos silvestres,
viento de germinación,
la salud y la vida.
Está desnuda.

Del poemario  “Fuego que salva






Parábola de las cosas pequeñas


Qué grande son, hermano,
las cosas pequeñas.

Estoy mirando el cielo
por la rendija de mi puerta
mientras pienso
en los infinitos monosílabos
cuando se pronuncian definitivamente,
en la vida
que viaja en una hormiga,
en la muerte que se agazapa
hasta hacerse invisible
y en la gota de rocío
donde se tropiezan las estrellas.

Del poemario  “Fuego que salva








Nostalgia de unas manos


Tus manos leves, mansas, ya lejanas,
mi soledad alumbra el sosiego.
ellas eran de brizna, musgo y ala.
céfiro de perdón, nardo en desvelo;

De albricias en domingo a la zagala,
corazón de aljibe, piel del viento,
en la mesa una cinta desatada, 
el adiós en la sombra de un pañuelo.

¿Ya los vientos borraron esa espuma?
¿Dónde rasgó su pecho la torcaza?
¿A cuál trajín impropio alzaron fuga

los flancos de jazmín? ¿La casi brisa
en suavidad de dorso, no me aguarda?
¿Mi temor a las uñas, dónde iría?

De “Sonetos












Una orquídea en tu pecho


Esa piel en delirio. Raro guiño
silvestre. Caracol aprisionado.
En arruga de viento, de corpiño.
Mariposa fragante. Musgo alado.

Un arco iris breve en el armiño
de las cintas de pecho enamorado.
El ovillo de arrullo para un niño.
Un resplandor liviano en el costado.

Y como está orgullosa de tenerte,
igual que hacia la sombra la luz marcha
llévala por la tarde hacia su muerte .

Es la flor de tus mimos. Flor señera
parecida a tus manos en la escarcha.
ombligo tibio de la Primavera.


De “Sonetos












Palabra


A Luis Pastori

Entrégame, palabra,
la recóndita luz de tu moradas,
tu leve infinitud,
la sorpresa que guardan
tus mágicos metales.
Tras el eco incesante
va mi sed de entenderte
palabra multiplicada de resonancias,
de atisbos augurales,
del temblor de la llama.

Palabra,
te romperé como a una nuez
y de tu corazón saldrá una estrella
o tal vez la sombra de una lágrima.


De “vísperas de la luz”.












Gracias, abril


Perciba el olor
de los cerezos en flor
y de tus senos.

Había un fulgor
en los retoños
y en los pezones.

Y en la cuenca de mi mano  tuve
la pulpa tibia de la rama
y el temblor sin corpiño.

De “Vísperas de la luz”.











Sonia Sanoja


Felino
         Sombra
        Garza
   Estrella.
Bajas desde los cielos
desde la tierra subes
por el aire transitas
y posarás los pies en el misterio
en  el instante en que un lucero
sonámbulo
se rompa contra el muro de la noche.

Por el arco de tus brazos
pasan el comienzo y el fin.

Oh la quietud súbita de tus manos
y la languidez
y el silencio.
Oh la resurrección que sube por tu cuerpo
y gira como la flor de los delirios.

Felino
      Sombra
  Garza
         Estrella


De “Vísperas de la luz”.






El colibrí


A Bhilla Torres Molina

Astilla de arco iris,
pepermín de los cielos,
hojas de un otoño estremecido,
guijas iluminadas,
multicolor desasosiego.

Recado del enigma,
organillo del alba
que afina con los dedos del aire
mientras gira.
Bajo mi alero dame las albricias
de apaciguar tu ramo de fulgores,
estrella fugitiva.

De “Vísperas de la luz”.








La garza


La garza es el efluvio del árbol florecido,
el eco de una ausente deidad,
la resurrección de unos lirios
que arrasó la creciente,
el resplandor de una áncora de alabastro.

De “Vísperas de la luz”.








Divagaciones


Aprisiono la espuma
la arena
la bruma
la nada.

Levanto el plenilunio
para alumbrar  los surcos
donde crece la yerba prometida.

Escondo el regazo del pañuelo
la última palabra que me diste.

Me sumerjo en los ríos que regresan
a rescatar tu rostro.
en él queda fundido.
Soy el metal de la medalla que lo exorna.

Con mi viejo puntero despuntado
recorro las geometrías siderales.

Ando y desando por el ancho viento.
Corto las mies de las acciones limpias.

Soledad , gracias te doy
por tu innumerable compañía.


De “Vísperas de la luz”.







Por el sur de los jacintos


Desnuda estás  en dádiva suprema.
Voy hacia tu silencio iluminado.
Te arrancaré el temblor de la palabra,
ésa que ya no es voz sino gemido,
gemido leve, diapasón rasgueado.

Desnuda estás. Rendida luz del pubis.
Y esa piel de violín asordinado,
esa piel como de alta madrugada.
Y ese olor de creciente, ese olor
a la noche final del Paraíso.

Desnuda estás. Ya casi ni te miro
porque ahora te siento, te respiro.
Úngeme con tus sacras excrecencias.
Ya eres la mitad de mi ancha sombra.
Viajemos por el Sur de los jacintos.

De “Vísperas de la luz”.









Detrás de las cortinas


Suéltate la trenza
descíñete el corpiño
y sigue labrando la escultura
mientras derramas sobre el mueble
una a una tus prendas.

Algo prístino como el silencio
te envuelve
y de tu  cuerpo desnudo
nace una luz de eternidad.

Ebrios la mano y el rumbo
por el territorio de las cerezas.


De “Vísperas de la luz”.












Postal con luna


Tu cuerpo desnudo se desliza
por la luna del espejo
como una ánfora de nácar
en el agua del remanso.

Hacia la profundidad resplandeciente
apuntan tus senos,
tus muslos avanzan,
tu cuello se inclina.
Y parece que desde el fondo
emergiera la fragancia
que te circunda.

Ríes frente al espejo que te mima
mientras la noche juega con tus cabellos
y te asomas al deleite
de ser dos veces tú misma.


De “Vísperas de la luz”.










2

                     Lo visible es un adorno de lo invisible
                                                 Roberto Juarroz

                           A Beatriz Mendoza Sagarzazu.

En la nada existen todas las cosas
y holgados en el cero los guarismos;
el vientre del olvido guarda mundos más grandes
que los del Universo;
vive el silencio henchido de todos los estruendos,
la máscara sonríe sobre las lágrimas
y la sombra es acaso la luz que se ha dormido.

De “Podría ser el viento”.









8


       Arrancárandole la palabra impura
           más lasciva que el beso.
           Guillermo Valencia (traducción)

Alumbraré mis manos con sus rubores.
Entretendré su azoro como a una liebrecilla.
La iré llevando minuciosamente
río arriba, río abajo,
      dulce apremio sin naufragio
hasta tu boca puritana
con interjecciones y blasfemias.

De “Podría ser el viento”.
















21

Esa luz de esas estrellas 
Es la luz de otras edades.
    Gerardo Diego

Antes de que esa luz fuera esa luz
y nosotros el reino de la nada
otros ojos se alzaron anhelantes 
y por siempre cegaron.

Tiene algo de intimidad la lejanía
y en el pozo del éxtasis
siempre un lucero fraternal habita.

Y cuando ya esa luz no sea esa luz
y nosotros silencio irrevocable,
los que hoy son la nada mirarán asombrados.

Y así entre dos comienzos
que a su vez son el fin
girando van por los mundos
unas briznas de tiempo estremecidas.

De “Podría ser el viento”.








El color de los sonidos


El color de los sonidos 
me alucina:
Wagner rojo
Chopin rosado
Franz Liszt de todo los colores
Beethoven con llamaradas en el fondo.

Es una algarabía este crepúsculo,
y cuán lejano
del violonchelo sosegado
de una luna menguante.

Del desgranar de la cascada  mana la claridad
y hay mugir de tinieblas en el trueno.

Escucho una sinfonía
como una cebra que pasa.


De “La ceniza inconclusa”.











Definiciones


El río presuroso hacia la mar
ss el toro que embiste hacia la espada.

Es el pájaro muerto
un trozo de bandera derrotada.

La puerta cerrada de la casa vacía
es el guardián inútil del miedo y el silencio.

Y la tersura de tus complacencias 
la cola de una gata enamorada.

De “La ceniza inconclusa”.









Otras definiciones


El mar
Monstruo sediento que se bebe los ríos

El olvido
Monstruo hambriento que se engulle los siglos

Los días
Verdugos que cavan nuestra sombra

Muelle abandonado
Dinosaurio que avanza hacia la noche.

El poema
Puerta de los milagros.


De “La ceniza inconclusa”.










Retahíla del atardecer


I
Me asomo a los abismos, 
a los espejos insondables
donde naufragan mis gemidos,
mi rostro,
el hueco de la sombra.

II
Miro caer las hojas de otoño
cual bandadas de avecillas muertas.
Algo de mi vida también  arrastra  el viento.

III
Oigo sonar las piedras
que mis pies hollaron una vez
en perdidos senderos,
y hasta miro sus colores:
Ocres, verdes, rosados, azules,
y también un color que jamás ha existido,
lo fabricó la magia de los lejanos ímpetus.

IV
Vuelvo hacia atrás los ojos y miro las corolas
marchitas,
las turgencias vencidas, 
los días del alborozo
ahora ramas secas
de lo que fue el árbol de los anhelos férvidos.

V
Por la calle inundada de ruidos e indolencia
voy hacia el sitio donde nadie me espera.
tal vez allí me encuentre
conmigo,
el que perdí, sin recordar si hace ya tiempo.


De “La ceniza inconclusa”.






Yo soy


Yo soy el remiso,
el que rompió la lámpara en busca de tu rostro,
el de las flores marchitas en el alba,
el pedigüeño de tus dones,
el arrimado a la pared de los sepulcros,
el empobrecido de no verte,
el de la vida rota,
el caminante por soledumbres o con triste compaña,
el silencioso lleno de palabras,
el de los desfiladeros y de los abismos,
el sumergido,
el atravesado en la mitad de mi camino,
el de la desventura sin reproche.
Pero de pronto el júbilo,
el clangor,
la plenitud y la confianza.
Algo me rescata del destierro
y soy el aventurero,
el invitado para el festín,
el hacedor
el resucitado
soy el poeta.


De “Una tiza de lumbre para rayar la noche”.









Cabras


Cabras.
Van por los pequeños riscos
con cascos juveniles y envejecidos rostros.
Se siente
la hondura sin fin del horizonte
rasgada apenas por el pastorcillo
que alerta su escaso rebaño
con su canto tan cercano al gemido.

Temerosas y ariscas
buscan un alero imposible bajo la intemperie,
pues ya el cielo anubarrado anuncia
el despeñarse de truenos oscuros.

Ingrimidad lujuriosa
llena una tarde larga.


De “Una tiza de lumbre para rayar la noche”.













I


Dara:
Patilarga y zanqueadora
coquetea bajo los árboles
con su ancho cintillo
y su pechera blanca.
En sus algarabías vespertinas
cuentan
que ha llegado a irritar a la pereza.

II
Grillo:
Lámpara menuda
que rasga mis insomnios.
En la madrugada parpadea.
Se apaga en el alba.

III
Reloj
grande y puntual
en la pared
eras el corazón de la casa.
Ahora yaces en el desván
mudo e insondable
como una lápida.

IV
Un niño campesino
mientras se duerme bajo la enramada
se siente dueño de las estrellas.

V
rompiste tus cántaros de paz
para ahuyentar mis brumas
igual que el arcoíris al nubarrón subraya.

VI
La duda en los ijares de la sangre
es eslabón en pedernal que gime.
Lo que alcanzamos como verdad muere al instante.

VII
Lámpara de carburo que inundabas la casa.
Con tu soplido interminante
parecías un agonizante.

VIII
La ola es
un corazón atribulado:
su clamor levanta,
lágrimas desgrana,
luego tiende en la arena su mortaja.

IX
La campana rota
me hace pensar
en un gran pájaro muerto.

X
Orinar en descampado
mientras el cielo es
una visera azul sobre la fuente.


De “Variaciones"











Rostros del mar


Picapedrero de los litorales.
                            Ney Himiob

Uno
mar que dejas en la orilla
Rrstos tumefactos de barcos abatidos,
gaviotas muertas,
algas podridas,
pestilencias de un aire detenido.
Así el alma en vigilia expulsa sus rencores.

Dos
Mar de la ensenada
limpia y azul,
mimosa y de irisada encrespadura.
El sol resbala
por tu  desnudo cuerpo,
mientras mi mano y la ola
se disputan.

Tres
Mar de los navíos:
los que llegan,
los que se marchan,
la de los viajeros en cubierta
y también de los viajeros siempre en tierra.

Cuatro
Mar de los recuerdos
tan lejanas como las que vieron llegar a Ulises
o las de sumergidos archipiélagos,
pero a la vez tangible
con olor de madrugada encinta.
Hacia tus playas vuelvo
cada vez que se apagan los faros de otros puertos.

Cinco
Mar de la muerte:
la del murmujear de misteriosos signos,
la del tiburón sin dientes del remolino,
la de esa suavidad terrible
de la piel de la tiniebla,
la de la voz, por honda,
más silencio que sonido.

Seis
Como el diamante descomunal
que vuelve a parpadear en el relámpago, 
como las astromelias sepultadas
se tornan raíz de los pinos eternos, 
como la fe perdida
amamanta las nuevas esperanzas,
como el viento que hoy nos acaricia
parece ser el mismo de un remoto verano,
como los abanicos de Cleopatra
los miramos ahora en las orquídeas,
como las botas de un arqueólogo
tropezaron un día como los muros de Troya,
he de esperarte, mar de la resurrección,
recostado en la baranda rota
del último atardecer.


De “Variaciones”.










Galería la orilla del sena


Nerval
Corbata aterradora de un farol de París. Péndulo
detenido en la hora del misterio irrevocable.

Hugo
Resplandor olímpico que inundó los tiempos.

Villon
Oficiante del pecado, sibarita de arrepentimiento.

Rimbaud
Gruta para místicos y alucinados.

Cendrars
Poesía hecha de viento, de trenes, de arboledas fugaces,
de regreso al corazón.

Verlaine
Gajo por caer, rumor en gestación, anuncio de milagro.

Apollinaire
Un obús “bello como la mimosa en flor” estalló en la 
frente, sagrada por  radiosa, de donde se disparaban
rumbos inauditos para la poesía, tal vez para la vida.

Ronsard
Forjó una guirnalda de rosas de amor. Ni de la Naturaleza
podrá nunca imitarlas.

De “Variaciones”.





Se oye un rumor leve


Como de ala tímida
como el de la noche que se derrama
sobre lejanos montes

como las voces
que en la soledad nos acompañan

como el silbido de los fantasmas

como el de esas algarabías
que ha ido borrando
la piedra pómez del olvido

como el eco de un verso de Quevedo
que emerge del polvo enamorado

como del puñado de hojas del Otoño
que el viento trueca en rosa bailarina

así llega tu sombra bienamada
y en ella me guarezco
como en el caracol lo hace el silencio.


De “Variaciones”.





Angélica Guevara
Estudiante de Educación mención Lengua y Literatura en la UNEFM. Participante del "Encuentro Jóvenes Creadores” en el año 2014 y el Festival Mundial de Poesía de Venezuela 2014 y 2016. Dos de sus poemas aparecen en el Vlog "Espejismos del trópico". Organizadora del círculo de lectura entorno a Mujerícolas de Indira Carpio Olivo (2018). Primera finalista del concurso de poesía "Ecos de la luz" (2018).
Correo: aaga.suos.96@gmail.com

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