Reseña-ensayo del libro “ El poeta que rugió a la luna y se convirtió en tigre ”  de Atsushi Nakajima.

Una mirada a “El poeta que rugió a la luna y se convirtió en tigre” de Atsushi Nakajima


Reseña-ensayo del libro “El poeta que rugió a la luna y se convirtió en tigre”  de Atsushi Nakajima.

Por Frandys Oropeza

Cuentos:
Posesión, la momia, la luna sobre la montaña, la catástrofe de las letras, la felicidad, el hombre búfalo, el maestro y una historia funesta.
Una de esas particularidades de rigor a las que nos tiene acostumbrada la lectura occidental es la peculiaridad de siempre representar la misma forma adecuada para narrar una historia. Salvo algunas excepciones, el habito de la narración es un oficio desconstruido en la personificación del yo, mistificado en el carácter de sublevación al que antecede una línea de caracteres fuera del hito al que pertenecemos, realidad.
Es inútil la forma en la que nos manejamos por interioridad o exteriorizar del yo. Por ello la meta cognición de la lectura, nos lleva a colgar la hoja y seguir la fórmula mágica. De hecho, muchos de los autores a los que se nos tiene acostumbrado en literatura, tienen esa especie de sutileza copiosa a la que los filósofos contemporáneos se disipan en la dialéctica. ¿Por qué menciono esto si lo que estoy es haciendo una reseña? Tengo dos razones, uno por que cuando tratamos a autores orientales, se debe condicionar al lector a que la formula no es la misma, segundo, porque es necesario cambiar el estigma y tiempo en lo que precede al mundo de las letras.
En este caso particular, hablo del autor nipón Atsushi Nakajima, poco conocido como tantos en nuestro continente por problemas culturales o geográficos. Pues de la tierra de Kawabata Yasunari, Yukio Mishima, Kensaburo Oe, Akutagawa Ryunozuke o Ozamu Dazi, solo por nombrar los más conocidos, debido a que han estado en las filas del nobel o cerca de él. El punto está en que para hablar de Atsuchi hay que retratar un poco, los altos caracteres filólogicos en los que se sumerge el autor. De tal manera, que aquella larga historia del haiku, uta o tanka, bañados de la tradición cultural y mantenida por siglos en la formación del lenguaje filosófico, también coexisten pequeñas reminiscencias de la terquedad del oriente sobre la transculturización del occidente.
Siendo evidente que una cosa es la poesía, que en la literatura nipona, se vuelve agua permanente en un rio de subjetividad y alegoría caustica. Hace ruido en los pequeños sin sabores por lo que la misión cultural del espíritu nipón no deja de asombrar ante la soberbia y poco crédito al que solo pocos autores han logrado interactuar. El hecho puntual es que Nakajima, de familia intelectual, no busca adornar o complacer, solo ser en el mundo ingrávido del que autores como ishiguro kazuo menciona como” artistas del mundo flotante”
La inclinación por la poesía en la personalidad de Nakajima, se disfraza de prosa (tanka) y canción (uta) siguiendo viejos parámetros de antaño en la construcción de un lenguaje limpio y vestido de costura sintoísta. A pesar de la expansión cultural, por la abertura del Japón a las corrientes occidentales, autores como Nakajima rescatan la tradición cultural de caminar con pericia entre los géneros mismos alcanzados muchos siglos atrás en la novela “monogatari genji” pocos autores pueden mantener esta intención viva en sus trabajos y Atsushi es uno de ellos.
En el caso particular de “El poeta que rugió a la luna y se convirtió en tigre” todo tiene una forma, respira, adolece y duerme en la voluntad de ver un paraíso condicionado por la figura del poeta que duerme bajo la silaba que enhebrando en ese paralelismo conductual del kanji en su dimensión permanente en el universo de las letras niponas. Una nueva visión del vacío y consiguiendo una percepción nueva del poeta que luego será la dicha del placer y olvido por el mundo real.
En este libro Nakajima, muestra la constante dimensión en la que el escritor de antaño congenia con una tradición oral sintoísta y que producto de una alteración del yo, hace gala de una presencia fuera de la fábula occidental y la narración americana. En algunos casos los tópicos tocan la sustancia empírica del lector, pero solo en una mera necesidad geográfica de ubicarlos en un tiempo no para condicionar, más bien para mostrar un punto genérico en el tiempo y sentir que tuvo que pasar al migrar de su Japón natal por la venida de la revolución cultural.
En historias como “posesión” la figura del poeta, se desconfigura para traer consigo el temor cultural por aquellos problemas sobre los que el dignificar una idea y ver imágenes más allá del sentido lógico del observador, siendo la personificación de shaku, el personaje, la noción y la vida. Esa barrera entre lo real y lo místico, el poeta que surge de la visión del mundo precedente y el daño que este consigue del mundo
No solo eso, el poeta se entinta en el verbo, caligrafía cosas en un pergamino y todo lo lleva en la voz. Esta misma imagen fuerte, surreal y atroz, es la lógica permanente de la literatura nipona. La verdad que configura el espacio. Puede notarse en otros relatos como “la luna sobre la montaña” “la catástrofe de las letras” o ese espacio visceral de condición humana como “la felicidad” “el hombre búfalo”  “el maestro” y “una historia funesta” todas con un rimo suave, pero tocando un tópico muy elitista del sentido nipón sobre las letras. La vida del artista que surge del mar de la fertilidad, cómo describiría Mishima
Es la verdad para el creador, Nakajima, no intenta la elocuencia de sus antecesores, pero busca dentro de sí, la verdad a la que nos vincula el existir en la poesía. De hecho, en el relato “la luna sobre la montaña” habla de esa personificación del yo, en la figura de un poeta desdichado que pierde todo lo que tiene, buscando el significado de la vida convirtiéndose en un tigre, mostrándose ante su único amigo por última vez, para que este le regocije en un solo pedido, transcribir sus poemas, antes de que su consciencia sea tragada por la animalización del yo.
Esa figura del tigre, escapa de todo aparejo semántico, pues, está más allá de un simple significado – significante. En la era Edo y principios de la restauración meiji, el misticismo llevado por las antiguas creencias dejo una huella indeleble en el sentido que los nipones tienen sobre sus dioses. Para Atsushi Nakajima, la verbalización y la construcción de una imagen no puede estar más lejos de la secuencia en la que vivimos para ser, en la vida del tigre que ruge de manera permanente en la luna tibia que cae por la montaña.



Frandys Oropeza
Licenciado en Lengua Literatura y Latín, TSU en Artes Audiovisuales, profesor del departamento de artes audiovisuales de la UNEFM, profesor y coordinador del programa de Artes Audiovisuales de UNEARTE- Falcón. Por supuesto que no es Charles, B.

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