Reseña del libro "Desviada para siempre" de Yanuva León.

Yanuva León; el polen de los granitos. Por José Miguel Méndez Crespo

Reseña del libro "Desviada para siempre" de Yanuva León.


Por José Miguel Méndez Crespo

Desviada para siempre no es una obra simple. Un carnaval reveroniano ha encendido América o mejor una célebre esperanza hay en la resurrección de Celia, y no Celia Cruz, sino Celia, la mecanógrafa de Fidel Castro. O la mecanógrafa que se perdió en la Sierra Maestra y ahora se encuentra sembrando girasoles para los guerrilleros digitales del futuro. Dejen de leer este libro cuando no tengas motivo para sonreír. Quiero decir que en Santo Domingo aún la batalla más sangrienta de la poesía la tenemos que escribir sin fusiles sino con palomas blancas de paz.
Desviada no significa en su talladura de relámpagos voces o rumores de girasoles, es más bien entender la dirección y el polen en los sembradíos. 
Es más bien un oficio que causa malestar. Ese mismo malestar de una Radio Rebelde, que instalaron entre las balaceras y no quedó otra alternativa que llamar a José Lezama Lima, haciendo un anuncio o una profecía de lo bello. Lo bello es el recurso más importante en el momento crucial, donde Nicolás Guillén decidiera abandonar la poesía para convertirlo en un fusil necesario en Camagüey.
El derecho de ganarse ese privilegio de escribir, ¿qué es?, porque la poesía no tiene privilegio. Yanuva León no es privilegiada ni se debe mencionarla cuando los soñadores decidan escribir de Sardio en Los Caobos o en la Plaza Altagracia, donde, en medio del cataclismo, las flores quieren abrir sus destellos universales.
Un carpintero es un obsesivo acróbata de querubines, capaz de escribir. Las máquinas de Carlos Borges son máquinas lentas por sus cantos. Sus visiones poéticas para contemplar el araguaney.
Esos espejos miran el zumbar del polen en una total casualidad, itinerario pensado con los vientos atípicos. Algún remoto paisaje acariciando el contenido de trópicos, círculos de rímel nocturno.
Los ciegos (Andrea Boccelli hace un silencio de orquesta) encienden los indios humos convocando la misma zona poética de Elisio Jiménez Sierra sin encontrar la hamacas, periódicos de Ana Enriqueta Terán y sus loros.
Sus palabras son aguas de los almendrones. Atlas de floristerías con quiosqueros por las manos que pasan, siembren las páginas con el Somari.
Y riegan hacia el cielo en los ojitos de Américo Silva, teje la abuela los almohadones. Es Julián Malatesta traduciendo bajo una vela el I Ching al caquetío. Traducciones que mueven los lenguajes del presentimiento y de las discordias diminutas. Hugo Gutiérrez Vega poetizó: “en el lomo plomizo de un mar inmutable / cabalgarán mis ojos”.
Añejo en las cariñosas aves nuevas. Perfumes de aves del paraíso o cardonales con otros perfumes tórridos nunca abandonan el delineamiento de los cactus de San Francisco de Carora. Las flores, cabalismo de las mujeres anotando los maderos. Irradiando el velo inicial a los coleccionistas de acuarios sin baúles. ¿Yanuva León es un beso de Luis Alberto Crespo mientras el horizonte no se ve en los vientos épicos?
¿Tú crees que en la poesía de Desviada para siempre no existe la irreverencia como único estilo para mostrar la poética? Vamos a leerlo con mucha atención de gavilanes.
La vitalidad de sus carpinteros ha robado el agua del Puente de Japón y renace Yanuva León con sus ojos de puma hacia la nueva resurrección de los futuros escritores que no quieren a las escritoras, sino que las escritoras son las que toman su puesto de mando en los barcos, el presente y el futuro es ciego.
Destrozando las enciclopedias no podemos cambiar el mundo, defender las enciclopedias es digno para no abusar de tanta horrorosidad del sistema, o deshojando los tulipanes al pintarse los labios de un color invisible. Nadie puede negar sus agrietaduras verbales, sus acontecimientos de los carruseles.

Sonidos de tacones recibiendo entre la templanza sus combinaciones: ¿el regreso de la pregunta leída por los profetas?
No perder la belleza ni la claridad de los paraguas, porque en su poesía no se puede perder nadie. Desviada para siempre es otro nivel.
Mientras la mordida de las guacamayas, en el reinado de las indias, profetizan o poetizan y aunque poetizar es un don, yo quiero preguntar a todos ustedes que van a leer Desviada para siempre: ¿Ustedes creen que en el mundo de la cultura poética en nuestras naciones no existen los celajes o la envidia? Sin embargo, quiero responder por ustedes esa pregunta: Desviada para siempre es “la belleza como un asunto y deber, ante la sobriedad entre una flor y las yerbas más alborotadas de las estanterías.

Lo singular de su poesía es tejedura de sus pies, caribeñamente dimensiones estelares: ¿dónde se encuentra este libro Desviada para siempre? En el aguardiente de cocuy con corbatas de cují: vayan a la galería.

Sus luces reflejadas en la curvatura de los zarcillos, que están al lado de su ventana, brillan imponentes ante las niñas.
Renace su flor, vuelve a ser una desviada porque su sensibilidad es de pluma consistente como las piedras de Salomón hartado de los viñedos de Altagracia. Firme como las tacitas del Tintorero.
 Mostrar una bitácora de su lenguaje serían riberas de Ida Gramcko, aunque la historia literaria es una larga secuencia.
Cuando vuelvo a releer no quiero perderme jamás, quiero más bien volver a regalar orquídeas de jaspe a las muchachas.

Desviada para siempre, la orden no existe porque son más interesantes los paraísos perdidos del lenguaje. Siempre lo hermético es más interesante, decía Lezama Lima.
¿En qué cuarto del corazón se puede escribir Desviada para siempre?, o ¿en qué parte habitan esas señales de tráficos que a grito piden la proximidad de los sueños de sus doncellas caraqueñas? Yanuva León tiene un mapa sentimental cuyas geografías ciegas no son distracción oculta ni libros ausente en este siglo XXI. 
Las nociones brillantinas de su urbanidad apacientando su trémula ficción borgiana; en Desviada para siempre, brota el olor del bambú en teoremas de su espejo vivencial –o nupcias– que anida por su exploración por otras ingobernables sutilezas y desaciertos. La inestabilidad de los barcos que añoraron la infancia escarbando ríos conmueve a los culpables de esa inexistencia que murmura en los palmerales, certeza de oráculo limpiando la tarde de su encuentro,  trapo de artesanas o avatares sobre dos mujeres que definen en su voz dos soledades.
El caballo de Nietzsche o Luis Alberto Crespo difuminándose al estilo prodigioso del cerebro personal en el texto. Una inexistencia habitada en los laberintos de los acuarios, y la señal del agua recodifica su inmutable dolor, impulsos de ánimas, la pompa y el desvelo construyen la cumbre de su forma. Hipertélica es su poemática recogiendo viejos escombros que fueron alabastros hasta reconstruir emotivos testamentos hacia un paisaje textual que merece ser palpado con querubines de Frida Khalo.



(Barquisimeto, 1987)
Es autor de Agilidad del pozo, Premio Municipal 461 Ciudad de Barquisimeto (poesía, 2013); Concepto invisible y lealtad al libro (ensayo, 2013); Ecos en el Cuarto. Antología poética (2013). Ha participado en eventos literarios de relevancia como la celebración del centenario de José Lezama Lima en Holguín (Cuba, 2010) y el Primer Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes, organizado por la Fundación Editorial El perro y la rana, en el marco del 13.er Festival Mundial de Poesía “Cuando roza la tierra”. Con Escarpines en el agua, fue destacado con el 2º lugar del Premio Nacional de Literatura Rafael María Baralt (2014).

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