Una mirada a dos libros de Ediciones Palíndromus. Por Leonardo Rivas.

Sobre dos poemarios y una editorial erijo estas palabras

Una mirada a dos libros de Ediciones Palíndromus. Por Leonardo Rivas.

Por Leonardo Rivas

Ediciones Palíndromus edita libros desde el 2017. En Coro es donde se ha gestado esta iniciativa cultural, que le ha aportado vitalidad a una industria editorial venezolana muy mermada (por un contexto que existe fuera de estas palabras y que por ello no pienso describir aquí). Esta editorial sigue en sus años mozos, porque del 2017 al 2021 apenas se cuentan cuatro años; porque en ese lapso la evolución de sus libros, de su catálogo y de sus diseños, es indudable. 

Jorge Morales Corona y su equipo han logrado presentar libros digitales atractivos, sin quedar en el conformismo de solo organizar los textos, presentar una portada cualquiera y montar el PDF para su libre descarga, como si ha pasado con otras jóvenes editoriales venezolanas, que a pesar de tener la ambición, se quedan cortos en la preparación y el rigor. Así como el libro físico es un objeto con infinidad de potencialidades expresivas, el libro digital no se queda atrás. Un buen editor lee lo que esta fuera del libro: plataformas, distribución, convocatorias y diseños. 

En estos cuatro años, Ediciones Palíndromus ha promovido concursos y presentado convocatorias, tales como: «Ecos de la luz» (concurso de poesía anual que ya lleva cuatro ediciones) y «Ant[rop]ología del fuego» (convocatoria para una antología que ya va por su tercer volumen este año), destacan como dos baluartes en sus redes sociales. Estas dos iniciativas han servido de vitrina para una serie de escritores noveles, que de otra manera no hubieran saltado a la palestra de esto que ha venido siendo la literatura venezolana, en el siglo XXI. 

Un abanico de concursos que atrae a poetas y narradores, además de una recepción de manuscritos que ha logrado editar un puñado de libros con ensayos. Eso es lo que Ediciones Palíndromus ofrece a los lectores y escritores venezolanos; claro que casi  la mayoría de los libros son ediciones digitales de libre descarga, algo que muchos lamentamos, ya que esa sensación milenaria de comodidad y amistad del libro en físico, se extraña. Solo un libro aparece con una edición digital y en físico a través de Amazon, y ese es: “Plegarias para un niño amanecido” de Liwin Acosta.

En esta Venezuela derruida son muy pocos los libros nuevos que se editan y circulan en todo el país, como algunas editoriales han cerrado, la librerías tampoco se han salvado de la hiperinflación. Pareciera que la única salida para una editorial novel es la edición digital, ya que son muy pocas las personas que pueden tener el capital para crear una empresa, presentar libros y hacerlos circular en físico, dentro y fuera del país. La excepción a esta regla es la Fundación “La Poeteca”,  afortunadamente; espacio de lectura y editorial jovial con sede en Caracas, que cumplió tres años de  el 7 de mayo del 2021.  

Ecuación para el surgimiento de dos libros

A través del concurso «Ecos de la luz» se han editado varias plaquettes, yo me fijé en dos muy distintas entre sí y con otras del catálogo de Palíndromus. Estoy hablando de: “Reminiscencias”,  escrito por Angélica Guevara (finalista de la II edición del concurso en el 2018) y “Sinrumbo”, compuesto por Yosmel Araujo (finalista de la III edición del concurso, en el 2019); ambos pertenecen a la Colección: Arquíloco de Poesía. Vale destacar que algunos poemas de “Sinrumbo” han sido incluidos, en la edición Nº41 de la Revista POESIA de este año.  

La melancolía en tres tiempos:  sobre “Reminiscencias”

Reminiscencias” de Angélica Guevara, fue publicado en el año 2019 por Ediciones Palíndromus, como reconocimiento a la autora por ser finalista en el II certamen de poesía venezolana «Ecos de la luz». Esta plaquette se divide en tres apartados: Extravío, Hogar y Apamate. Los registros que atraviesan estas páginas van desde el aforismo más breve hasta el verso libre, con momentos de prosa; estamos ante una voz poética que se vale de las virtudes de cada estilo para presentar un pasado y un presente, donde lo ido es un espacio, una persona y a veces, el mismo sujeto que habla. 


En Extravío... el yo poético habla desde sí mismo, desde su relación con esas personas que la rodean, leemos: 
“Nuestras soledades crecían / se trepaban por los muros, / amordazándonos silenciosamente.” 
La soledad como punto de encuentro inevitable entre dos seres, donde la connotación vegetal denota cierta sensualidad, cierto roce. Al avanzar en mi lectura me topé con Inés, personaje que habita el primer poema en prosa del libro, ella es un sujeto en fuga de la realidad para la voz poética, como si su existencia fuera una ventana para hablar sobre el delirio y sus efectos, así leemos: 
“Su mente se vaciaba, sus párpados estaban lejos de cerrarse, se dilataban, su boca se abría ligeramente, pero no perdía el sentido, sabía que por ningún motivo podía ser hallada, se mantenía alerta, y en ocasiones lograba salir del trance.” 
Entonces, Inés se difumina como una estación para la voz poética, es un escape del presente, porque el tiempo verbal de este poema plantea un pasado de lo perceptible. Ya en la última parte de este primer apartado, leemos: 
“¿Quiénes son los extraños? // Ellos, que no se percatan de mi crecimiento. // Yo, que ignoro aún muchas cosas. // O los supuestos extraños, que tienen algunas respuestas.” 
La voz poética desconoce a los que la rodean, se siente extraña y se presenta como una niña, todavía ajena a ese mundo que se describe para ella a través de otras manos, de otras miradas y palabras. El Extravío es protagonista, porque en cada uno de los poemas revisados podemos entrever estados de inquietud y de extrañeza en el sujeto poético, ya sea al estar inmerso en una relación o al estar en un delirio o al ser interrogado por otros.

Ya en el segundo apartado, Hogar, los aforismos y los versos fragmentarios se apoderan de la voz poética que presenta un hogar atravesado por lo natural, la contemplación apunta hacia insectos, flores, arboles y tantos trazos que solo demuestran un distanciamiento de lo concreto, de lo edificable, cuando leemos:
“Mi hogar se encuentra allí donde el chirriar de la cigarra acaba.” 
Y sigue lo natural, imponiéndose: 
“En su letargo podrías escuchar como rechina y respira el árbol, mientras el Cristofué habla, monótono.” 
Y es gracias a estos pasajes nemorosos que llegamos al último apartado: Apamate. Donde el aforismo, la prosa poética y el verso libro confluyen como las ramas del árbol hacia un cielo, y por cielo quiero decir infancia. Por lo siguiente: 
“La infancia es el reino de la primera vez.” 
No hace falta más qué decir, en este último apartado la voz poética funde el pasado, la naturaleza y sus relaciones en cuadros que retratan vivencias ya idas pero siguen siendo paradas para su sensibilidad, porque aparece la familia, la casa y la belleza de un paisaje que vive a través de sus flores. Estamos ante una serie de poemas que se conectan para darle cierta densidad a la plaquette, no están dispersos y el uso de varios registros solo enriquece la lectura. Esta es una poética sobria, que a partir de sensaciones y reminiscencias compone paisajes y vivencias alejados de lo urbano, de lo conflictivo y de lo alienante.   

El lenguaje como procesión plástica: sobre “Sinrumbo”

Si la plaquette anterior presentaba una voz poética donde lo estático, lo contemplativo y el pasado eran protagonistas, la divergencia es más que evidente cuando nos acercamos a esta plaquette de Yosmel Araujo. Fue publicada por Ediciones Palíndromus en el año 2020, como reconocimiento por haber sido finalista en el III Certamen de Poesía Venezolana «Ecos de la luz». 

El sujeto poético acá presenta juegos formales, donde se apuesta a la plasticidad del lenguaje, optando por la movilidad a través de espaciados agresivos entre verso y verso, sin embargo, también tiene momentos de prosa poética concreta. Todo parte de un presente en constante fuga hacía un allá, frontera que pudiera ser geográfica pero también discursiva. El primer poema es, “Se van de la casa” y ya desde el título partimos en busca de esos otros que rodean a la voz poética, la procesión comienza, cuando leemos: 
“Me he bendecido, maldecido con tantos nombres que el sinrumbo se adapta con firmeza. María, el arraigo no es sitiar aberturas.” 
El yo se difumina en los labios del otro, la misma connotación de raíces implica una multiplicidad, una invasión porque se quiere avanzar hacia otro lugar. La voz poética no esta sola, es parte de una población, se relaciona y habla por y con otros. Halla símbolos y los desglosa a través del poema, como en esta parte: 
“EL ÁRBOL ARAGUANEY me recuerda a la miel, pero no aquella, la fresca, imperdurable. En mí hace memoria tal imagen. Tal imagen en mí, hace memoria de una miel putrefacta, tentada como miel VERDADERA.” 
Para el yo poético ese símbolo es un eco de lo que fue, un sinsabor para este presente derruido. Las multitudes se hacen presentes cuando llegamos al poema, “Las uñas de este hombre no son broma”, porque la voz poética hace un listado de nombres, de personas que lo rodean y que hacen cosas dentro del texto. El lenguaje incluye a todos, a sus acciones y sus repercusiones. Leemos: 
“Fernando delegándome Fragmentos de un discurso amoroso. Marco esposo, Marco acompañando todas las calles que han de transitarse. El panita de LPG que pasó a ser el panita de la Guaca. ”
El tono conversacional aparece para ilustrar lo urbano como interacción constante, la voz poética no se detiene a contemplar, enuncia el acto en su maravillosa multiplicidad plástica. Sin embargo, así como aparecen muchos también el foco puede reducirse a solo el yo poético y su monologo, cuando leemos lo siguiente:
“Soy un extraño / y este es mi error: nombro nombro / nombro como si abortos fuesen.”
Seguimos en un presente, el del nombrar y dilucidar lo que acontece a través de una metáfora despojada de brillos o delirios, es cruda y cruenta la imagen porque nada cesa en la ciudad ajena. El espaciado y la ausencia de puntuación le aportan mucha fluidez a los versos, no generan paradas que afecten el rumbo indetenible de la voz poética; nada permanece, todo es removido, desplazado hacía fronteras insospechadas en los fondos blanquecinos. Así llegamos a un poema como, “Un verbo implica a otro”, donde leemos:
“(…) la significancia de sentencia producida en la palabra primera en blanco sobre blanco de la cual solo quien escribió no notó en desvaríos perpetrados a conciencia (…)”
El texto en prosa carece de signos de puntuación y las palabras se suceden sin espaciados ambiciosos, en la aparente inmovilidad del texto late un inenarrable ritmo, capaz de exprimir sin cesar la expresividad del verbo, del lenguaje. En esta plaquette nada se detiene, no hay una vuelta atrás, todo sigue y se impulsa hacia adelante; una fuga puede carecer de destino y eso no afecta en nada su condición de escape, de desprendimiento. La voz poética se desprende de símbolos, de nombres y de recuerdos en aras de conseguir una redención fuera del espacio que habita, por ello la constante experimentación con lo comunicable y lo vivido, para llegar a otros lugares. 

Entonces, qué tenemos

El catalogo de toda editorial debe ser variopinto para atraer a lectores de todos los géneros y gustos, en el caso de Ediciones Palíndromus y estos dos libros, podemos percibir un criterio acertado, ya que la plaquette de Angélica Guevara es muy distinta a la de Yosmel Araujo, porque aunque tiene registros similares, los usos de la expresión y las obsesiones son totalmente distintas. Así como uno apunta a una fuga desenfadada del poema, el otro procura conserva su pasado en cuadros atravesados por cantos y flores. 

Yo solo espero que el catalogo siga creciendo, además de que el criterio y la apuesta por la diversidad, se mantenga. Sin nada más que agregar les digo que pueden descargar “Reminiscencias” de Angélica Guevara aquí y “Sinrumbo” lo pueden conseguir acá.


Leonardo Rivas
(Timotes, 1995). Estudiante de Letras, mención lengua y literatura hispanoamericana y venezolana, en la Universidad de Los Andes (U.L.A., Mérida). Actualmente se desempeña como preparador de las materias de Literatura Venezolana I y II, además de fungir como asistente de coordinación editorial, cronista cultural y redactor, en la Comisión Permanente de la nueva etapa de la Revista Actual (Dirección General de Cultura y Extensión, U.L.A., Mérida). Ganador en modalidad ex aequo de la primera edición del Premio Internacional de Poesía Bruno Corona Petit (2021), con su poema: “Mérida, 1988”. Obtuvo el 2do Lugar en la IV entrega del Concurso Nacional de Joven Poesía Hugo Fernández Oviol (2020). Obtuvo el 3er lugar en el I Concurso de Ensayos “Constelaciones”, organizado por el Departamento de Literatura Hispanoamericana y Venezolana (2019). Ganador de una mención honorífica en la V Edición del concurso “Descubriendo Poetas” (2021).  Participó en el IV Encuentro de Jóvenes Creadores, edición Mérida (2015) y también participó en las IX Jornadas  Estudiantiles de Investigación Literaria, organizadas por el Departamento de Literatura Hispanoamericana y Venezolana (2019). Poeta seleccionado para las antologías: «Ant[rop]ología del fuego Vol. II» y «I Premio Internacional de Poesía Bruno Corona Petit. Antología Poética» (Ediciones Palindromus, Venezuela, 2020 y 2021, respectivamente). Cuentos suyos han aparecido en las siguientes revistas:  «El Narratorio» (Argentina, 2019) y «Revista Eiruku» (Argentina, 2021). Poemas suyos han aparecido en la revista digital, «Liberoamérica» (Argentina, 2021).

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