La planificación necesaria: El libro y la lectura no son lo mismo

Por Ennio Tucci
Fotografías estilo SubencabezadoH4
Mi primera observación es que los términos libro y lectura suelen confundirse u ocupar un mismo lugar, usándose indistintamente como si fueran sinónimos o si tuviesen la misma naturaleza, aunque en realidad pertenecer a campos distintos que es necesario aclarar, como esa duda que suele aparecer:
Si la pregunta es ¿Qué fue primero, el libro o la lectura? la respuesta siempre será: la lectura
Comienzo aclarando que el libro es la herramienta y la lectura es el ejercicio de usar esa herramienta. Usarlos como sinónimos es como confundir una partitura con la música, el balón con el futbol, el juguete con el juego o un mapa con el viaje.
El libro es el contenedor de información, historias o conocimientos, ya sea de papel y tinta o un archivo digital (e-book), se trata de un dispositivo o formato que ha preservado las ideas de la humanidad a lo largo de los siglos y le ha permitido aprender del pasado, interpretar el presente y proyectar el futuro. La lectura, en cambio, es el proceso o la acción de leer. Se trata de una actividad cognitiva que comprende decodificar signos, interpretarlos y darles sentido, derivando siempre en un acto comunicativo posterior, oral o escrito. Se trata de un puente intelectual entre lo que el autor escribió y lo que el lector comprende.
En otros términos, el libro pertenece al mundo de los objetos y la lectura al de la experiencia. El libro es hardware y la lectura es el software. Puedes poseer mil libros y tener una biblioteca impresionante (objetos), pero si no practicas la lectura, solo tienes una colección de papel. La lectura es lo que transforma al objeto en una experiencia viva.
No son opuestos, sino complementarios. Sin el libro, la lectura no tendría un camino trazado que seguir; sin la lectura, el libro es simplemente un pisapapeles muy elaborado. El libro es la promesa de una historia, mientras que la lectura es el cumplimiento de esa promesa. Uno es el cuerpo y la otra es el alma que lo anima.
Entonces, ¿qué se planifica?
En las reuniones técnicas del IBIME y los encuentros de mediadores de lectura promovidos por el Centro Nacional del Libro en la FILVEN, dos visiones se encuentran en medio de la conversación. La primera considera los textos y su contenido como propósito del plan de lectura, su componente ideológico, doctrinal e instruccional es la pieza fundamental; mientras la otra visión considera las acciones de mediación para promover el ejercicio de la lectura como lo realmente necesario.
Ambas visiones son válidas, pero es preciso entender que la necesidad venezolana de planificar ambos campos, el libro y la lectura, está condicionada por el interés de los actores de gobierno y los actores sociales. En este sentido es preciso aclarar dos tipos de planes que construyen un proyecto de este tipo por su naturaleza e interés: el plan de lecturas y el plan de lectura.
El primero podemos llamarlo plan o programa de lecturas (en plural), puesto que se encarga de elaborar una lista de textos recomendados o establecidos con un objetivo o intención predeterminada. Un ejemplo venezolano es evidente en la Colección Bicentenaria, la cual incluye una serie de textos seleccionados que han llegado a todos los hogares venezolanos.
Los resultados de este tipo de plan no han sido muy alentadores, algo evidente en los niveles superiores de escolaridad en Venezuela, donde a nivel universitario una gran cantidad de estudiantes presentan graves problemas de expresión oral y escrita, dificultades de lectura y comprensión de conceptos o ideas, desde las más simples, así como un completo distanciamiento del ejercicio de leer, no porque no hayan tenido acceso al libro sino porque no desarrollaron el hábito.
Por otra parte, un plan de lectura (en singular), es una estrategia organizada y sistemática diseñada para fomentar, orientar y fortalecer el hábito de leer de una población específica. Es aplicable desde distintos ámbitos: personal, escolar o académico, institucional o político, local o nacional. Está conformado por acciones que permitan y promuevan el hábito de la lectura, la comprensión crítica y el desarrollo de competencias lingüísticas del individuo.
Para lograrlo se realiza un diagnóstico de la realidad, se establecen objetivos (¿para qué leer?), acciones (¿qué hacer y cómo?), metas (¿qué queremos lograr?), recursos (¿con qué y quién contamos?), espacios, tiempo y un método de seguimiento y evaluación que permita corregir y transformar las acciones, adaptándolas al territorio, los individuos y las circunstancias que puedan presentarse (una pandemia global como la del Covid19, por ejemplo).
En síntesis, un plan de lecturas se centra en los textos (selección, producción y distribución de los mismos) , mientras un plan de lectura está dirigido a desarrollar el hábito de la lectura. Ambos buscan transformar la sociedad desde la educación y la cultura de los ciudadanos, pero, mientras el primero se puede ejecutar desde la planificación editorial con resultados inmediatos (la entrega de los libros), el segundo requiere estrategia, personal capacitado y recursos diversos, y el tiempo necesario para comenzar a observar los resultados.
Un ejemplo concreto de lo que puede ser un plan de lectura, es el emprendido por las iglesias evangélicas, quienes además de tener los textos propuestos, principalmente en la Biblia, se acompaña de acciones grupales todos los sábados (y otros días) donde se lee, se conversa sobre el texto y las ideas que promueven. No considero que sea el modelo a seguir, pero sin duda es un programa que funciona muy bien para promover una forma de creer, pensar y vivir.
Por su parte, la hermana República de Colombia, desde fines del siglo pasado lleva adelante un plan nacional de lectura (incorporando recientemente la escritura y la oralidad) con un éxito indiscutible. En un lapso de treinta años ha logrado mejorar el nivel educativo de la población, aumentar los espacios de lectura, diversificar la oferta de libros, incrementar el número de editores (públicos y privados), y finalmente, impactar en la economía del país, creando un mercado editorial emergente en América Latina cuyos grandes referentes históricos han sido Argentina y México. Y lo ha logrado haciendo de este proyecto un programa de interés social, con participación pública y privada, integrando acciones locales desde los urbano y lo rural, individuales y colectivas, sin distinción política, económica, social, de credo o ética.
En el caso venezolano es necesario preguntarnos: ¿Qué tipo de plan necesitamos como pueblo? Reconocer nuestra experiencia nacional, los avances y retrocesos propios, y distinguir cómo hemos llegado hasta aquí puede darnos una mirada más objetiva al momento sobre el momento actual..
Ennio Tucci
(Mérida-Venezuela, 1986) Escritor, editor y director de Ediciones Madriguera, editorial artesanal. Premio VI Bienal Nacional de Novela Rafael Zárraga (2023), Premio Luis Britto García mención Poesía del Concejo Municipal del Municipio Libertador 2014, Rafael José Álvarez de la Dirección de Cultura UNEFM 2007 y 2009. Ha publicado Tiran piedras los niños (2009), A quién hay que matar para vivir (2012), No se estacione (2014), Sin decir árbol (2019) y la novela En primera (2023).]

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