Cuando los dioses olvidan sus pecados y dónde quedó el cielo

Por Sarah Espinoza Márquez
Leer la poesía de Noris Pacheco es, para mí, una experiencia íntima y visceral; es como escuchar su voz resonar en cada verso. Quizás esto se deba a que he tenido el privilegio de compartir escenarios con ella en diversos eventos literarios; oír cuando recita sus poemas, con una fuerza que resuena en la memoria y que, por supuesto, siento palpitar cuando los leo:
Quiero soltarme la ropa para tino quiero desnudarmeni desvestirmesolo soltar estos trozos de telaligaduras infinitasamarras de muellesme apresan, me presanen esta ridícula pose de dama inglesamuslos que palpitanpechos sudorosospezones erectosla frágil tela me atrapa como red
En su poemario Dios se vistió de mujer, parte de la colección Utopía, publicada por Ediciones Madriguera, la poeta oriunda de Cabimas, estado Zulia, nos ofrece una obra que no escatima en sinceridad, una voz que habla sin tapujos y que despoja las palabras de cualquier velo.
El maestro Edgar Méndez, prologuista del poemario, expuso que en este libro la poesía se ha hecho vivencia "donde el cuerpo transgrede sus propios límites para convertirse, sin lugar a dudas, en voz relevante del poema".
Dios se vistió de mujer es la crónica de una mujer que habla desde todas sus voces: la de la niña que descubrirá su primera menstruación, la de la madre que pierde a un hijo, la que más adelante tiene a su Imponderable, pero, que más allá de la maternidad, del cansancio, también grita:
Soy carne cuerpo sexouna masa informe trémulapalpitando entre tus manosrespirando tu alientoobsesionada con tus besos
La autora revela a una mujer que se embarca en un viaje de autodescubrimiento, que explora su sexualidad, su cuerpo y sus sentimientos con una honestidad desgarradora. Las imágenes que evoca van desde la sensación de un dedo que palpa su piel hasta las emociones que la envuelven cuando el sexo del amado la penetra.
La poesía de Noris se convierte en una mujer desnuda, que no solo muestra sus senos, su entrepierna, es toda ella libre de las telas que suelen cubrir la certeza de que una mujer es capaz de hablar de lo que siente, y autodescubrirse en ese diálogo interno.
En uno de sus poemas, Pacheco escribe que "esta noche he sentido brisas en el cuerpo / el agua es llovizna / púas frías atraviesan la piel / caricias urgentes no calman la sed". Estas líneas son un claro ejemplo de cómo juega con los sentidos para transmitir una experiencia emocional compleja. La noche, que podría ser un símbolo de soledad, se transforma en un espacio de exploración, donde sus manos dialogan con el cuerpo.
Dios se vistió de mujer es un canto al cuerpo femenino y a la libertad de expresarnos, sin cuidar lo que decimos para no vulnerar a quien no quiere saber de esas libertades que nos merecemos en un proceso de autoafirmación.
Tengo miedo del verso que desnuda el almachismoso en consecuente incapaz de callarsecuando el lápiz susurra al papelno hay historia secretani deseos profundospaparazzi que se olvida de la vergüenzaen el tartamudeo de mi voz que se ocultaen el pensamiento
Pacheco le canta al verbo gritar, al verbo descubrir, al verbo no callar. Cada poema es un testimonio de lo que una mujer es capaz de sentir y vivir, ya sea en compañía de la persona amada o en la soledad de su lecho. Es un recordatorio de que la sexualidad y las emociones son parte integral de la identidad femenina, y que cada experiencia vivida es digna de ser narrada.
CreerCuando los zancudosagobian mi lecturaen las noches de calorcreo que los dioses salense visten de mujerse olvidan de los pecadostambién del infiernose sientan en un barbeben cerveza hasta emborracharsey luego no saben regresar al cielo

Noris Pacheco nos invita a acompañarla a recorrer cada verso, reafirmándonos, leyéndonos en ellos, desafiando los tabúes y celebrando la plenitud de lo que somos.
Entre sus anécdotas está aquella en la que un personaje la despidió diciéndole: "Se va la erótica". De esa experiencia nació el siguiente poema:
Se va la erótica(…)Las mariposas sacudenlos fuegos donde tiemblan mis caderasy mi lengua se hace terciopeloen la cueva de mis labiosmisma que lleva al derramepequeño, grande, qué más dasu chorro baña mi carala gatita que lame sin parar
Dios se vistió de mujer es una declaración de guerra contra esos hombres prejuiciosos que siempre nos han estigmatizado por atrevernos a expresar lo que sentimos.
Noris Pacheco Marín, nació en Cabimas el 21 de enero de 1965. Estudió Economía en la Universidad del Zulia y es magíster scientiarum en Gerencia Financiera por la U.N.E. Rafael María Baralt y egresada del diplomado Tiempo Narrativo Venezolano (2023). A los dieciséis años obtuvo un reconocimiento en el Concurso de Cuentos Centenario Jesús Ramón Yepes, auspiciado por la Secretaría de Cultura del estado Zulia, y el tercer lugar en el Concurso de Cuentos Universitarios de la Universidad de Yacambú (2000). En 2016 presenta su libro Dios se vistió de mujer en la Filven capítulo Zulia. Ese mismo año fue invitada a la V Bienal de Poetas Femeninas en Yaracuy. Además, sus poemas aparecen en varias antologías. También es autora de Bajo los cielos de montecito (Fondo Editorial UNERMB, 2022).

Sarah Espinoza Márquez
(Cabimas, Zulia, 1988) Poeta, promotora de la lectura, periodista de la revista Épale CCS y Últimas Noticias. Ingeniera en petróleo por la Universidad del Zulia. Autora de la plaquette "Puentes que tejen mi sangre" (Fondo Editorial Fundarte, 2022), "Baladas de los puentes pulsados" (Novilunio, 2018). Participó en la antología "Caminando la crónica" (Senzala y Palabravasta, 2025) con "Carabimera".
(Cabimas, Zulia, 1988) Poeta, promotora de la lectura, periodista de la revista Épale CCS y Últimas Noticias. Ingeniera en petróleo por la Universidad del Zulia. Autora de la plaquette "Puentes que tejen mi sangre" (Fondo Editorial Fundarte, 2022), "Baladas de los puentes pulsados" (Novilunio, 2018). Participó en la antología "Caminando la crónica" (Senzala y Palabravasta, 2025) con "Carabimera".
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