Un caleidoscopio entre el asfalto y la ruralidad

Por Mariana Ruiz
Ilustración o Fotografías estilo SubencabezadoH4
La mirada del poeta
La reciente celebración del Encuentro Binacional de Poesía Ciudad de San Cristóbal propició un dialogo de alto nivel entre voces que lograron suturar cualquier herida de la identidad compartida que hubiera podido existir. En este escenario de hermandad, la presencia de José Javier Sánchez reafirmó la vigencia de una palabra que es referencia obligada en nuestra literatura contemporánea. Su más reciente libro, Vetas (Zócalo Editores 2026), emerge como una cartografía necesaria de nuestra propia modernidad literaria., y sobre él vamos a hablar.
Como escribió Charles Baudelaire en su exploración sobre la modernidad, el artista debe ser un "caleidoscopio dotado de conciencia", un ser que, en cada uno de sus movimientos, represente la vida múltiple y el encanto movible de todos los elementos de la existencia. Así presentamos Vetas, de José Javier Sánchez, una obra donde el autor se sumerge en la multitud para procesar el caos de la ciudad y devolverlo convertido en un canto necesario.

1. El diálogo de los maestros: Calzadilla y Palomares
Para entender el peso de estas páginas, debemos comprender que José Javier camina sobre una geografía espiritual trazada por dos gigantes. Por un lado, la influencia de Juan Calzadilla, el poeta que ha sabido leer la ciudad como un texto lleno de tachaduras y sombras. Por el otro, la presencia luminosa de Ramón Palomares, quien trajo a nuestra lengua la magia de la ruralidad, el relámpago de la montaña y la voz de los antiguos.
En Vetas, la ciudad y la ruralidad dejan de ser opuestos. José Javier logra que el barrio hable con el eco de la tierra, demostrando que lo rural no es algo que se dejó atrás, es más un hervidero de todas las emociones que crepita debajo del pavimento.
2. La voz del cronista: entre el asfalto y el olimpo doméstico
José Javier Sánchez se nos revela aquí como un cronista de lo invisible, un poeta que posee la extraña habilidad de ser, al mismo tiempo, profundamente urbano e íntimo. Su voz habita una sensibilidad donde lo cotidiano se vuelve sagrado. Como ya nos tiene acostumbrados en poemas fundamentales como "Las nenas de mi barrio", "Guayaba de mi niñez" u "Oración a la ciudad", donde la figura popular adquiere una dignidad casi mítica, en este nuevo libro el autor vuelve a establecer un puente con la cosmovisión clásica. Sus personajes no son solo vecinos; son figuras que parecen extraídas de una épica griega trasladada al calor del barrio venezolano. Escarbando en las "rendijas" de Caracas, encuentra a los dioses que caminan entre nosotros.
3. Tres estaciones en la Veta
Para entender esta alquimia, detengámonos en tres momentos de este poemario:
"Mi Abuela Cuica": Aquí la ruralidad se hace sangre. La abuela es la "descendiente de Caribay" que sobrevive en la capital. El autor rescata la ancestralidad frente al olvido moderno, demostrando que la herencia de la montaña es la trinchera contra la barbarie.
“En Betijoque aún quedan vetas cuicas/en los solares/en los fogones/Mi abuelafue polen de su legado (…) Mi abuelacuica mi abuela Isola/ Descendiente deCaribay/heredó las cinco águilas blancas"
"Compañero desde el silencio": El gato no es una mascota, es un "guardián con silencio de chamán". En medio de la "esquizofrenia de las autopistas", el poeta encuentra en el ronroneo un refugio sagrado que lo alimenta de sus propios "fantasmas marginales".
“Un gato veló mi niñez (…) El gatocontemplaba el escenario de mis ruinas/Guardaba silencio (…) se alimentó de misfantasmas marginales/Nunca dejó detener tiempo para él”
"El cine del pueblo": Una elegía a nuestra educación sentimental. El poeta define el cine como "la nave espacial" que nos permite habitar otros mundos. Al citar a figuras como María Félix o Mastroianni, eleva la vivencia del barrio a una categoría cinematográfica universal.
“Es la nave espacial más amplia de estosdías/ Máquina del tiempo y nido deamores donde vengo a comprarestereotipos (…) Me embriago con BenSanderson en un bar de Las Vegas,pruebo El Gran Boufete con Mastroianni/y envío una Postal de Leningrado”
4. La épica de lo cotidiano: El eco de Pasolini
Esta forma de mirar halla una resonancia profunda en la obra de Pier Paolo Pasolini. Al igual que el maestro italiano, José Javier Sánchez se adentra en la periferia para reconocer en el rostro del joven de la esquina, en el buhonero o en la madre que resiste, la estatura de un héroe antiguo. Existe en estas páginas una sacralidad de lo popular; la épica de "Vetas" late en el mototaxista que cruza la autopista como un auriga moderno, en el lancero que sobrevive en el obrero y en la hechura manual de este libro artesanal, editado por Zócalo Editores. Es una obra que alcanza su universalidad gracias a esa lealtad absoluta a la raíz y a la calle, transformando lo que muchos consideran marginal en una belleza imperecedera.
Los invito a abrir este libro con la curiosidad de quien descubre una ventana en medio del estruendo. Lean estas páginas como un himno que se canta en voz baja para resguardar la identidad. Llévense este mapa de cicatrices luminosas, este caleidoscopio donde urbe y aldea se abrazan en una misma herida y una misma esperanza.
Mientras exista un poeta dispuesto a escarbar en las vetas de nuestra historia y a nombrar nuestras calles con este rigor, seguiremos encontrando el camino. Pasen adelante, toquen la costura de este sueño y descubran sus propias vetas.


(Barinas 1986) Poeta, profesora e investigadora. Licenciada en Educación en las menciones de Castellano y Literatura y Arte (UNELLEZ), cuya voz habita el lenguaje como un acto de resistencia y ternura. Su escritura explora la fragilidad de la vida, plasmada en sus libro Dejen quietas a las flores y Desde la ventana de un niño Palestino, donde indaga con honda sensibilidad en la infancia en tiempos de guerra. Magíster en Lectura y Escritura, estudiante de Pedagogía Cultural. Coordina la Escuela Nacional de Poesía Juan Calzadilla en el estado Barinas. Su labor trasciende las aulas a través de talleres para niños, jóvenes y docentes, además de su activismo en los colectivos literarios "Ríos de Opalanda" y "Promotores de lectura Patacaliente", así como la organización de la Bienal Nacional de Literatura Orlando Araujo. Organizadora también del I y II Encuentro de Niños y Niñas Escritores de Barinas y compiladora de literatura infantil. Teje redes de sensibilidad donde la poesía, la formación docente y la defensa de la infancia se encuentran para transformar la realidad a través de la palabra.
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